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Waymo paga más del 125% en aranceles por su vehículo chino y sigue comprándolo

El robotaxi Ojai, fabricado por Zeekr de Geely, cuesta unos 38.000 dólares antes de aranceles; aun así, Waymo lo adquiere en grandes volúmenes porque el precio del vehículo es solo una fracción del costo total del negocio.
Foto: forbes.com
miércoles 19 de agosto de 2026

Waymo importa su nuevo vehículo Ojai desde China, donde lo produce Zeekr, la marca de Geely, como variante especial del modelo SEA-M —comercializado en ese país como Zeekr Mix—. El precio base que paga Waymo es de aproximadamente 38.000 dólares por unidad. Sobre ese valor se aplican aranceles superiores al 125%: la tarifa del 100% sobre vehículos eléctricos chinos impuesta durante la administración Biden, más los aranceles adicionales de la era Trump.

Aun con ese sobrecosto, Waymo continúa adquiriendo el Ojai en grandes volúmenes. La razón es aritmética: en la etapa actual de desarrollo, el precio del vehículo no es el factor dominante frente al conjunto de costos de escalar el negocio. Según el análisis del colaborador de Forbes Brad Templeton —quien estuvo en los inicios de Waymo—, en el esquema de costos de un robotaxi a escala, el vehículo representa alrededor de un tercio del costo de bienes vendidos (COGS). Eso significa que duplicar el precio del vehículo eleva el COGS total en apenas un tercio de ese total, no en la totalidad. Para referencia, en un automóvil de gama media convencional, la depreciación del vehículo equivale a entre el 45% y el 50% del costo por milla; la estructura de costos de un robotaxi es distinta.

Waymo también tiene en marcha planes para desarrollar un vehículo basado en el Hyundai Ioniq 5. Incluso con los aranceles, el Ojai resulta más barato que los Jaguar i-Pace que hoy son su flota principal. La compañía ya invirtió trabajo de desarrollo en el Ojai antes de que los aranceles escalaran, lo que refuerza la decisión de continuar.

El panorama global pesa en el cálculo. Templeton señala que en un viaje reciente a América Latina observó que casi todos sus viajes en Uber se realizaban en autos chinos, porque los conductores priorizan el valor por kilómetro. En los mercados internacionales, Waymo competirá con operadores como Baidu, Pony y WeRide, todos basados en manufactura china. Estados Unidos será, con el tiempo, solo una fracción del mercado global de Waymo.

Tesla, por su parte, ya inició la producción del Cybercab, un modelo de dos asientos sin volante diseñado desde el origen para robotaxi. El enfoque apunta a reducir costos eliminando controles, tablero y asientos traseros, compensando lo que agregan sensores y cómputo. Templeton advierte que, aunque Tesla es eficiente en costos, los fabricantes chinos lo son aún más.

Los números hablan solos: capital busca reglas claras, pero también busca valor. El proteccionismo arancelario puede encarecer temporalmente la ecuación, pero no cambia la dirección del mercado. Waymo lo demuestra al seguir comprando el Ojai a pesar del sobrecosto: cuando la ventaja competitiva de un proveedor es suficientemente grande, ningún arancel la borra del todo, solo la pospone. La pregunta que queda abierta para los fabricantes estadounidenses no es si China llegará a competir en este segmento, sino si habrá industria local lista para disputarle el contrato cuando Waymo decida cambiar de proveedor.

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