El bitcoin registró este viernes su tercer avance consecutivo superior al 5 %, cerrando en 77.675,94 dólares, un alza de 6,9 % en la jornada. Desde el miércoles, la criptomoneda acumula una ganancia de más del 20 % y alcanzó su nivel más alto desde mayo.
El catalizador fue doble. Primero, el presidente Donald Trump instó el miércoles a los legisladores a aprobar la Clarity Act, un proyecto de ley sobre criptomonedas que permanecía estancado en el Senado. Segundo, el Departamento del Tesoro anunció que duplicará sus recompras de bonos soberanos, una medida orientada a reducir los costos de endeudamiento a largo plazo.
«El renovado optimismo en torno al avance de las criptomonedas en Washington ayudó a encender la mecha del bitcóin», señaló Bret Kenwell, analista de eToro, en Estados Unidos.
El contexto de tasas explica la mecánica: el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años había escalado a niveles no vistos desde 2007, justo antes de la crisis financiera global. La perspectiva de que el Tesoro intervenga para comprimir esos rendimientos reduce el atractivo de los activos seguros y empuja capital hacia posiciones de mayor riesgo, como las criptomonedas.
En paralelo, el índice del dólar —que compara la divisa americana con una cesta de seis monedas— registró una variación negativa de 0,05 %, situándose en 98,760 unidades.
En Colombia, el dólar cerró este viernes 21 de agosto en $3.041, con una reducción de $21 frente a la TRM de $3.062 fijada por la Superfinanciera. La apertura fue en $3.055, el máximo del día llegó a $3.063 y el mínimo al cierre se ubicó en $3.036. El promedio cotizado fue de $3.048. El volumen transaccional de la jornada alcanzó 1.257 millones, frente a un promedio de 765,02 millones.
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Lo que ocurrió este viernes ilustra un principio que el mercado repite con regularidad: cuando el Estado —en este caso el Tesoro estadounidense— interviene para comprimir rendimientos, el capital busca retorno en otro lado. Las criptomonedas, con toda su volatilidad, son hoy ese «otro lado» para una porción creciente de inversores globales.
Más relevante aún es la señal política: un presidente dispuesto a presionar al Congreso para dar certeza regulatoria al sector cripto mueve más el precio en 72 horas que meses de debate técnico. Capital busca reglas claras, y cuando Washington las ofrece —aunque sea en forma de proyecto de ley pendiente— el mercado ya votó.



