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Vivir en zona sísmica segura de Lima cuesta hasta 9.384 soles/m²: el mercado aún no premia la seguridad

Los distritos con suelos estables según el CISMID no siempre son los más caros; la informalidad y la brecha de 1,9 millones de viviendas distorsionan el mercado inmobiliario limeño.
Foto: infobae.com
domingo 16 de agosto de 2026

Los sismos recientes en Colombia y Venezuela, sumados a los temblores en la región central del Perú, han puesto en alerta a miles de familias en Lima Metropolitana. La pregunta ya no es solo dónde vivir, sino cuánto cuesta vivir seguro.

Un estudio del Centro Peruano-Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (CISMID) clasificó los distritos de la capital según la estabilidad geológica de sus suelos. Los datos de precios al primer semestre de 2026, provistos por la Confederación de Desarrolladores Inmobiliarios del Perú (CODIP), revelan una paradoja: la seguridad sísmica no se traduce automáticamente en mayor valor de mercado.

El rango en zonas seguras: de 5.690 a 9.384 soles por metro cuadrado

Según la CODIP, los distritos clasificados como seguros por el CISMID registran precios de venta formal que van desde 5.690 soles/m² hasta 9.384 soles/m². La dispersión es amplia y responde a factores como conectividad, oferta de servicios y demanda, no solo a la calidad del suelo.

El contraste más llamativo aparece al comparar zonas vulnerables con zonas seguras. Chorrillos, ubicado en área de mayor riesgo sísmico, cotiza a 5.862 soles/m². San Luis, también en zona vulnerable, alcanza 6.444 soles/m². Mientras tanto, Breña —distrito seguro según el CISMID— se vende a 5.690 soles/m², y Pueblo Libre, igualmente seguro, a 6.336 soles/m². El mercado, en estos casos, no está premiando la resiliencia estructural.

Informalidad: el riesgo que el precio no captura

Detrás de estos números hay un problema estructural más profundo. La CODIP advierte que la brecha habitacional en Perú llega a 1,9 millones de viviendas: 587.000 familias necesitan una vivienda nueva y más de 1,3 millones habitan en condiciones precarias. En distritos como Villa El Salvador, la falta de servicios básicos —agua, principalmente— frena la expansión del mercado formal.

La informalidad no es solo un dato estadístico. Sin título de propiedad, una familia no puede acceder a crédito hipotecario, no puede asegurar su inmueble y queda desprotegida ante cualquier desastre natural. El gremio inmobiliario pide regularizar propiedades, simplificar trámites y ampliar el acceso al financiamiento como condiciones mínimas para un desarrollo urbano ordenado.

Lo que el mercado aún no descuenta

Desde Ágora Capital, la lectura es directa: cuando el Estado no simplifica la titulación ni agiliza los permisos de construcción, el mercado no puede asignar correctamente el riesgo. El comprador paga por ubicación y servicios, pero no por seguridad sísmica, porque la oferta formal en zonas seguras es insuficiente para satisfacer la demanda. La burocracia y la informalidad —no la geología— son el verdadero techo del mercado inmobiliario limeño.

La propiedad privada formal, con títulos claros y acceso a financiamiento, es la única herramienta que convierte una vivienda en patrimonio real. Mientras el aparato estatal no despeje ese camino, 1,9 millones de familias seguirán expuestas, tanto al próximo sismo como a la precariedad económica que la informalidad perpetúa.

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