El presidente Donald Trump firmó un memorando de seguridad nacional que ordena al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y al subsecretario de la Marina, Hung Cao, elaborar «un plan sobre las medidas necesarias para sustituir el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves y los Elevadores Avanzados de Armamento por sistemas de vapor e hidráulicos para la construcción del USS Doris Miller». El plazo es de 60 días.
El USS Doris Miller, cuarto portaaviones de la clase Ford, ya acumula un retraso de dos años en su ensamblaje. Los buques USS Gerald R. Ford, USS John F. Kennedy y USS Enterprise quedan, por ahora, sin modificar.
El cambio no es menor en términos de ingeniería ni de presupuesto. Los portaaviones clase Ford están diseñados desde sus cimientos para funcionar con energía eléctrica y no cuentan con espacio para la compleja red de tuberías de alta presión que en modelos anteriores transportaba el vapor desde los reactores nucleares a las catapultas. Restituir esas tuberías implicaría reconstruir secciones enteras de los buques y hacer renacer industrias que hasta ahora estaban inactivas.
General Atomics, fabricante del sistema electromagnético, declaró que la decisión «merece una reconsideración detenida» y comunicó al Wall Street Journal —que fue el primero en informar sobre la directiva— que los trabajos en el nuevo buque están completados en casi un 50% y que «cambiar de rumbo ahora conllevaría riesgos significativos en cuanto a costos, plazos e integración». Según el mismo diario, altos mandos de la Marina y líderes del sector industrial «se han resistido a la medida debido al enorme costo que supondría retirar un sistema tan complejo».
Trump sostiene su postura desde 2017, cuando en una entrevista con la revista Time afirmó que el sistema digital «cuesta cientos de millones de dólares más y no sirve para nada». Tras retornar a la Casa Blanca en 2025, volvió a mencionar el tema durante la toma de posesión de Tulsi Gabbard como directora de Inteligencia Nacional y al dirigirse a la tripulación del USS George Washington. En el Army War College de Pennsylvania recordó: «Construimos un portaaviones por 19 mil millones de dólares, lo cual es una locura».
La Armada ha defendido históricamente que la transición eléctrica reduce el estrés estructural de los aviones de combate durante el despegue y agiliza las misiones de vuelo. Trump, en cambio, ha citado en repetidas ocasiones el argumento de la reparabilidad: según relató, un oficial con 25 años de experiencia le dijo que el vapor «podemos arreglarlo con un martillo y un soplete», mientras que el sistema eléctrico requiere «llamar al MIT».
Desde Ágora Capital, el episodio ilustra una tensión real en la gestión del gasto de defensa: la modernización tecnológica tiene costos de transición que el contribuyente termina absorbiendo, y revertirla a mitad de camino los multiplica. El mercado ya votó en parte: General Atomics advierte sobre el impacto en costos e integración con el buque a mitad de construcción. La pregunta de fondo no es vapor versus electromagnético, sino quién paga la factura cuando la decisión política llega tarde al astillero.



