El presidente Trump firmó el 10 de agosto de 2026 una orden ejecutiva en el Despacho Oval que remodela el calendario de vacunación infantil de Estados Unidos. Lo acompañaron, entre otros, el secretario de Salud y Servicios Humanos Kennedy, el director de los Institutos Nacionales de Salud Bhattacharya, Jayme Leagh Franklin y la doctora Heidi Overton.
Durante el acto, Trump repitió afirmaciones desmentidas sobre una supuesta relación entre las vacunas y el autismo. También describió el volumen de líquido contenido en las vacunas como cercano al «tamaño de una botella de soda», llegando a mencionar «galones» y «cubas de vacuna». Según el New York Times, citado por la fuente, la realidad es que ese volumen equivale a una fracción de cucharadita.
El presidente y Kennedy afirmaron además que los niños estadounidenses reciben 72 inyecciones. Sin embargo, según la fuente, los menores reciben menos de la mitad de ese número de inyecciones antes de los cinco años, incluso contando vacunas recomendadas pero no exigidas por la mayoría de los estados, como la gripe anual.
La orden ejecutiva sostiene que, según la «evaluación científica» de la administración, Estados Unidos «actualmente recomienda más vacunas infantiles que cualquier nación par, incluyendo más del doble de dosis que algunas naciones europeas». El documento no aporta evidencia para respaldar esa afirmación. La fuente señala que las diferencias entre el calendario estadounidense y el de sus pares tienden a ser relativamente menores, con las excepciones más notables de las vacunas contra el COVID-19 y la influenza, ausentes en la mayoría de las guías europeas salvo para grupos de alto riesgo.
Trump abogó también por separar la vacuna triple vírica —sarampión, paperas y rubéola— en tres inyecciones distintas, argumentando que espaciar las visitas «dejaría transcurrir tiempo para que el cuerpo maneje esta cantidad masiva de líquido». Ninguna nación par divide esa vacuna en tres dosis separadas, y la fuente indica que no existe justificación clínica para hacerlo; tampoco están disponibles en Estados Unidos las vacunas individuales para cada una de las tres enfermedades.
STAT News reportó que el presidente y altos funcionarios de salud realizaron «afirmaciones extraordinarias sin evidencia que respalde la agenda federal reformada». Conspicua por su ausencia fue la Dra. Schwartz, directora recién confirmada de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, quien en circunstancias normales encabezaría los cambios de política relacionados con vacunas.
La secretaria de prensa Leavitt publicó una imagen que comparaba «11 inyecciones» en «un país europeo» con «72 inyecciones» en Estados Unidos, calificada por la fuente como engañosa.
La lectura de Ágora Capital. El libre mercado exige reglas claras y datos verificables: sin ellos, la confianza colapsa. Que funcionarios de primer nivel respalden cifras incorrectas ante las cámaras no es un asunto menor de salud pública; es un problema de credibilidad institucional con costos reales para los mercados de seguros, la industria farmacéutica y la confianza del consumidor. Una política de salud sólida se construye sobre evidencia, no sobre afirmaciones que los propios datos de la administración no pueden sostener.



