El presidente Donald Trump publicó el martes por la mañana en Truth Social la imagen de un mapa del Estrecho de Ormuz con la leyenda «new US territory», sin ofrecer contexto adicional. La publicación llegó horas después de que líderes iraníes confirmaron que el estrecho permanecería cerrado al vencer el período de negociación de 60 días sin un acuerdo.
Trump ya había adelantado la idea en días previos. El viernes, durante un acto con candidatos republicanos en Long Island, afirmó: «Después de terminar de derrotar a Irán, que está siendo muy mal derrotado, pronto declararé el Estrecho de Ormuz territorio de los Estados Unidos». El lunes, ante reporteros en la Casa Blanca, añadió: «Me gusta la idea de declararlo territorio. Tenemos control total sobre el Estrecho».
Poco después de publicar el mapa, Trump aseguró en una nueva publicación que «no hay conversaciones ni pláticas en curso, ni programadas, con la República Islámica de Irán», e insistió en que el estrecho estaba «abierto y operando» y que «todas las minas acuáticas han sido removidas o detonadas».
Irán respondió con dureza. El viceministro de Relaciones Exteriores, Kazem Gharibabadi, calificó el mapa de Trump como «delirios» en una publicación en X en persa, y advirtió que esa «ilusión será corregida». En declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, Teherán condicionó la reapertura del estrecho al levantamiento del bloqueo de puertos iraníes, la liberación de activos congelados, la eliminación de sanciones petroleras y el fin de operaciones militares «en todos los frentes».
El impacto en los mercados fue inmediato. Los futuros del crudo Brent escalaron a 91 dólares por barril el martes, su precio más alto desde julio. El tráfico en el estrecho se mantiene por debajo de una docena de barcos al día; el lunes solo cruzaron seis embarcaciones. El acuerdo de alto al fuego inicial se había roto el mes pasado cuando Irán reanudó sus ataques tras el uso de una ruta aprobada por Washington frente a la costa de Omán.
Trump también afirmó ante reporteros que Estados Unidos «está extrayendo millones de barriles de petróleo a la semana» y que «los precios del petróleo están bajando y continuarán bajando a menos que decidamos hacer algo mucho más drástico».
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Desde Ágora Capital, el cuadro es claro: cuando la diplomacia cede ante el ultimátum y el mercado energético queda rehén de una disputa territorial sin resolución jurídica, el costo lo paga primero el consumidor en la bomba de gasolina y después el tejido productivo global. Un Brent a 91 dólares no es un dato menor: es una señal de riesgo que los capitales ya están leyendo.
La declaración de Trump puede leerse como presión táctica o como el inicio de una doctrina de control de rutas estratégicas. En cualquier caso, la libre circulación del comercio —principio fundacional del orden económico liberal— está en juego. Capital busca reglas claras, y el Estrecho de Ormuz, con seis barcos al día, no las ofrece hoy.



