El presidente Donald Trump señaló el domingo que Estados Unidos está dispuesto a dejar que la presión económica haga «más del trabajo» antes de ampliar la acción militar contra Teherán. «Solo estamos semi-negociando con ellos. Simplemente observamos a Irán con su enorme inflación y el hecho de que no tienen dinero», declaró Trump al medio Axios en una entrevista telefónica.
Trump describió el enfoque de su administración como «low-keying it» —mantenerlo en bajo perfil— y afirmó que Irán se encontraba en severa angustia económica y con dificultades para pagar a sus tropas. En Truth Social, el presidente reforzó el mensaje compartiendo un gráfico titulado «Iran has NO MONEY» que ilustraba la caída pronunciada del rial iraní, al que calificó de «basura», y citó «51 años de mal comportamiento» del régimen.
El Departamento del Tesoro, bajo el programa denominado Economic Fury, ha dirigido sus acciones contra el comercio petrolero iraní, redes de banca en la sombra, operaciones de adquisición de armas, tenencias de criptomonedas e infraestructura de evasión de sanciones. El Tesoro informó el 10 de junio que la campaña había impedido el acceso a «decenas de miles de millones de dólares» en ingresos del régimen iraní y sus representantes. El 29 de julio, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) sancionó a más de 100 embarcaciones vinculadas a la flota en la sombra de Irán.
Trump también argumentó que el bloqueo naval estadounidense en el Estrecho de Ormuz ha agravado la crisis financiera del régimen. Sus declaraciones llegan tras semanas en que la administración elevó repetidamente la posibilidad de una acción militar a gran escala.
El impacto de la presión es visible en la vida cotidiana de los iraníes. Una investigación del periódico iraní Jahan-e Sanat describió la semana pasada a trabajadores de supermercados que encontraban clientes que supuestamente robaban alimentos básicos —pan, queso y carne— o consumían productos dentro de las tiendas porque ya no podían pagarlos.
Sin embargo, analistas advierten que la crisis no es solo producto de las sanciones externas. Décadas de corrupción, mala gestión económica y decisiones de gasto del propio régimen han profundizado el deterioro. El ex detenido iraní Morad Tahbaz señaló, según Fox News, que las sanciones han empujado el comercio iraní hacia canales opacos, perjudicando a los ciudadanos comunes mientras enriquecen a quienes controlan el flujo de dinero y bienes.
El presidente iraní, por su parte, culpó a la presión extranjera por la situación económica, mientras expertos advierten que la economía del régimen se acerca a un punto de quiebre.
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La estrategia de Washington ilustra un principio que el mercado conoce bien: cuando se cortan los flujos de ingresos, la caja manda. El régimen de Teherán lleva décadas subsidiando su supervivencia política con petrodólares y redes de evasión; privarle de ambos no es solo presión diplomática, es cirugía financiera.
Para los inversores y las empresas que operan en la región, la señal es clara: el riesgo iraní no cede, pero tampoco lo hace la determinación de Washington de mantener el torniquete. Capital busca reglas claras, y en el Estrecho de Ormuz las reglas las está escribiendo, por ahora, la Casa Blanca.



