Un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia el 10 de agosto de 2026 a las 7:34 hora local, dejando un saldo de al menos 132 muertos. El epicentro se ubicó en San José del Palmar, municipio del departamento de Chocó, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El movimiento se percibió con mayor fuerza en los departamentos del litoral Pacífico —Chocó, Valle del Cauca y Cauca— y en el Eje Cafetero, integrado por Risaralda, Caldas y Quindío. También se registró en zonas de Ecuador y Panamá.
Autoridades del Servicio Sismológico de Colombia explicaron que el sismo se originó por la liberación de energía en el choque de las placas tectónicas de Nazca y Sudamérica, que se encuentran en proceso de subducción. La prolongada duración se debió a que la energía liberada alcanzó la superficie de la corteza terrestre sin disiparse en su trayecto.
Testimonios de figuras públicas ilustraron la magnitud del evento. La actriz Laura Flores, quien se encontraba en el aeropuerto de Bogotá, describió el movimiento: «Acaba de temblar duro. Duró mucho tiempo, yo creo que casi un minuto (...) en Bogotá casi nunca tiembla (...) se sintió feo». Por su parte, la actriz Ninel Conde, presente en la ciudad para participar en el programa Top Chef VIP y hospedada en el piso 14 de un hotel, declaró en Instagram: «Es el terremoto más fuerte que he sentido en mi vida y miren que yo he vivido en la Ciudad de México, que ahí no es juego».
Como referencia histórica, el Servicio Sismológico señaló que el terremoto de Valdivia, Chile, registrado el 22 de mayo de 1960 con magnitud 9.5, sigue siendo el de mayor magnitud en la historia del planeta. Ese sismo, también producido en la zona de contacto entre las placas de Nazca y Sudamérica, duró cerca de 10 minutos, dejó más de dos mil muertos y provocó que Valdivia se hundiera cuatro metros bajo el nivel del mar, además de desencadenar la erupción del volcán Puyehue.
El terremoto del 10 de agosto de 2026 es el más intenso registrado en Colombia en una década. La magnitud 7.4 y su amplia área de percepción —que cruzó fronteras hacia Ecuador y Panamá— subrayan la vulnerabilidad sísmica de una región donde la infraestructura y la capacidad de respuesta del Estado son determinantes para reducir el costo humano de estos eventos. La reconstrucción de zonas afectadas en Chocó, uno de los departamentos con mayores índices de pobreza del país, pondrá a prueba tanto la coordinación institucional como la capacidad de atracción de recursos privados y cooperación internacional. Capital e inversión en infraestructura resiliente no son un lujo: son la diferencia entre una tragedia contenida y una catástrofe prolongada.



