El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, recibió este jueves a la canciller canadiense, Anita Anand, para reforzar la coordinación bilateral en materia de seguridad y prioridades económicas. El encuentro se produce días después de que el presidente Donald Trump aplazara tres días la entrada en vigor de nuevos aranceles del 50% sobre una amplia gama de productos canadienses.
Rubio informó del encuentro en su cuenta de X: se reunió con Anand «para fortalecer la coordinación entre Estados Unidos y Canadá en materia de seguridad compartida y prioridades económicas en nuestro hemisferio».
El primer ministro canadiense, Mark Carney, había declarado el miércoles que las negociaciones registraron un «progreso significativo» y que Ottawa estaba cerca de concluir un pacto que garantice mejores condiciones para sectores estratégicos de la economía canadiense. Trump, por su parte, aseguró que ambos países habían alcanzado un acuerdo, aunque reconoció que los documentos aún estaban pendientes de formalización.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, expresó confianza en que el pacto protegerá a los trabajadores estadounidenses. El ministro canadiense de Comercio con EE.UU., Dominic LeBlanc, señaló que ambas partes trabajaban conjuntamente para ultimar el acuerdo.
El origen de la disputa. La tensión arancelaria se remonta a comienzos de 2025, cuando Trump impuso aranceles del 25% a buena parte de las importaciones canadienses y del 10% a productos energéticos. Ottawa respondió con medidas de represalia. Aunque algunos gravámenes estadounidenses fueron eliminados en 2026, Washington mantuvo otras barreras y este verano elevó al 50% los aranceles sobre determinados productos de acero, aluminio y cobre, al tiempo que anunció nuevos gravámenes del 50% sobre una amplia gama de productos canadienses, en paralelo a la revisión del T-MEC.
Lectura editorial. La pausa de tres días que concedió Trump no es un gesto menor: es la señal que los mercados necesitaban para leer la dirección del flujo. Cuando el ejecutivo más poderoso del mundo frena un arancel, aunque sea 72 horas, está reconociendo que el costo de la escalada supera el beneficio político inmediato. Capital busca reglas claras, y una negociación activa —con Rubio en la mesa y LeBlanc confirmando avances— ofrece más certidumbre que un arancel del 50% ejecutado sin acuerdo.
El verdadero riesgo para ambas economías no es el nivel del arancel en sí, sino la incertidumbre prolongada sobre el T-MEC. Cada semana sin marco jurídico estable es una semana en que la inversión productiva en manufactura norteamericana espera al margen. Si el acuerdo se formaliza, el flujo comercial entre los dos mayores socios del hemisferio recupera previsibilidad. Si no, el siguiente plazo arancelario llegará con menos margen de maniobra para ambos lados.



