Lizbeth Robayo acumula más de 27 años de experiencia en telecomunicaciones y hoy dirige el equipo encargado de atender a los clientes empresariales de Tigo Colombia, una de las posiciones más relevantes de la operadora en el país.
Su punto de partida fue una venta junior. Desde ahí construyó una carrera que combina conocimiento técnico, visión estratégica y liderazgo, según recoge Semana. La base fue temprana: desde niña mostró habilidad para las matemáticas. «Di con la fortuna de que mis papás la identificaron siendo yo muy pequeña y me la cultivaron», declaró Robayo. Esa destreza la condujo hacia la ingeniería electrónica y le permitió desenvolverse en un entorno altamente técnico y competitivo.
Tras casi veinte años dirigiendo equipos, Robayo identifica el liderazgo como uno de sus mayores aprendizajes. «Cada vez es más importante considerar cómo las decisiones que tomamos impactan a las personas y a su productividad», afirmó. El énfasis en productividad —no solo en métricas de negocio— marca su estilo de gestión.
El otro eje de su mensaje es la brecha de género en STEM. Robayo sostiene que muchas de las barreras que se asocian al sector «no son necesariamente reales, sino creencias limitantes» que alejan a las mujeres de oportunidades de crecimiento profesional. Su propuesta es directa: «Hay que matar a los fantasmas».
El sector de telecomunicaciones corporativas en Colombia opera en un entorno de alta competencia por contratos empresariales, donde la capacidad técnica y la gestión de cuentas de gran escala definen el retorno. Que una ingeniera electrónica con perfil comercial ocupe esa posición en Tigo Colombia ilustra cómo el mérito y la acumulación de capital humano abren paso donde los prejuicios intentan cerrar puertas.
Desde Ágora Capital, el caso Robayo apunta a algo más amplio: el talento técnico femenino es un activo productivo infrautilizado, y las empresas que lo incorporan ganan en profundidad de bench y diversidad de criterio para decisiones de negocio. El mercado laboral premia resultados, no géneros. Cuando el entorno familiar y educativo identifica y cultiva habilidades desde temprano —como ocurrió aquí—, el retorno profesional llega. La lección no es ideológica; es de incentivos y de libre desarrollo del potencial individual.



