Los discursos de Javier Milei ya no tienen la estética de una clase de economía: son, según el análisis de Francisco Olivera en La Nación, discursos de campaña. Esta semana, sin embargo, apareció una novedad: la retórica defensiva.
En su presentación de 59 minutos ante el Consejo de las Américas, el Presidente no lanzó arengas ni prometió alivio. Respondió a un interlocutor ausente —economistas, periodistas, analistas— con la mirada puesta en su electorado menos convencido: los votantes que se sumaron en el balotaje de 2023 y le dieron la victoria.
Ese segmento es dispar. Un sondeo cualitativo reciente de Shila Vilker identifica varios grupos entre los «desencantados» de Milei. Algunos dicen que volverán a votarlo si la economía mejora. Otros afirman que el Presidente «es igual que todos» y que les resultará difícil volver a un cuarto oscuro. Un tercer grupo pregunta por Pro y por Victoria Villarruel. Y un cuarto empieza a tentarse con propuestas que vienen desde afuera de la política.
En ese contexto, Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, recibió al Presidente con un respaldo explícito: dijo que el sufrimiento de varios de sus pares era «el costo que había que asumir para tener una economía más competitiva para las próximas generaciones». El espaldarazo, sin embargo, no conformó a todos los integrantes de la entidad, que agrupa desde jugueteros hasta dueños de droguerías.
El silencio del sector privado tiene una lógica de cobertura de riesgo. Según el análisis, los empresarios que cuestionan a Milei callan para mantenerse lejos de su «línea de furia», pero quienes lo avalan tampoco están convencidos de su reelección y temen quedar expuestos ante un eventual regreso del peronismo. Desde el Gobierno se preguntan, por ejemplo, por qué Ciara —la cámara de las cerealeras— no celebró que el conflicto con los prácticos sirvió para bajar un 20% en dólares las tarifas del servicio.
Milei, por su parte, descarta por definición una reactivación que incluya a todos. Su argumento es el de la «destrucción creativa»: quien innova desplaza y puede desencadenar la quiebra del competidor menos eficiente. Un concepto que resulta difícil de digerir en auditorios corporativos y que requiere tiempo para determinar ganadores y perdedores.
Desde Ágora Capital, el cuadro es legible: el ajuste más importante en 65 años —según la propia caracterización que circula en el evento— produce exactamente la fricción que la teoría predice. El capital privado no es cobarde; es racional. Cuando las reglas del juego siguen en disputa electoral, el silencio es la posición menos costosa. La pregunta que el Gobierno debería hacerse no es por qué las cámaras no hablan, sino cómo construir la certeza jurídica y la continuidad de política que conviertan ese silencio en inversión. El voto de octubre dirá si Milei logró convencer primero a los suyos.



