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Panamá mantiene cerca de mil ranas doradas en cautiverio y ensaya su regreso al bosque

La especie desapareció del medio silvestre en 2004 por el hongo quítrido. Centros de conservación sostienen la población mientras científicos evalúan ensayos de liberación.
Foto: prensa.com
domingo 16 de agosto de 2026

La rana dorada, símbolo natural de Panamá, lleva más de dos décadas ausente de los bosques del país. Según el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, la especie desapareció por completo del medio silvestre en 2004, cuando el hongo quítrido —una enfermedad fúngica que afecta la piel de los anfibios y altera funciones vitales hasta provocar su muerte— se extendió por Panamá y alcanzó su hábitat principal: el Valle de Antón y el Parque Nacional Altos de Campana.

Desde entonces, nadie ha podido avistarla en estado silvestre durante más de 14 años, de acuerdo con el Smithsonian. Hoy, los individuos conocidos se encuentran «casi en su totalidad en cautiverio», según explicó Vega, herpetólogo y especialista en anfibios y reptiles del Ministerio de Ambiente.

Cerca de mil ejemplares, lejos de su hogar

Vega precisó que existen cerca de mil ejemplares de rana dorada en centros de conservación en Panamá. Entre las instalaciones activas figuran el Centro de Conservación de Anfibios de El Valle y el Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá, ubicado en Gamboa. Ambos se dedican a la reproducción y protección de la especie.

El especialista no descartó que puedan existir individuos en libertad: «Si bien es cierto, puede haber rana dorada en el medio silvestre, habría que adentrarse muy hacia dentro del bosque para poder determinar si en realidad todavía existen individuos», señaló.

Ensayos de liberación bajo análisis

Durante los últimos años se han realizado ensayos de liberación para estudiar el comportamiento de ejemplares criados en cautiverio al regresar al entorno natural. En febrero de este año se liberaron unidades de la especie en la vida silvestre. «Todos estos animales que se han reproducido en estos centros son liberados para ver cómo se comportan estas poblaciones en el medio silvestre y verificar si existe un éxito de repoblación», explicó Vega.

Los resultados aún están bajo análisis. El hongo quítrido continúa presente en algunas áreas y sigue representando una amenaza tanto para las poblaciones nativas como para los animales liberados.

La especie enfrenta además la presión del tráfico ilegal de fauna. Por tratarse de un anfibio endémico y de coloración llamativa, resultó históricamente atractiva para coleccionistas. «Hace muchos años, incluso se veía que extranjeros las sacaban del medio silvestre y se las llevaban hacia otros países para el comercio», recordó Vega.

El 14 de julio se celebró el Día Nacional de la Rana Dorada.

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El caso de la rana dorada ilustra con precisión el costo real de no actuar a tiempo: una especie endémica reducida a cautiverio, con su hábitat aún contaminado por el patógeno que la expulsó. Los esfuerzos privados y científicos —centros de conservación, ensayos de reintroducción— sostienen hoy lo que el ecosistema ya no puede garantizar por sí solo.

Panamá apuesta por recuperar un símbolo nacional. El mercado del ecoturismo y la reputación ambiental del país tienen algo concreto en juego: cuando la biodiversidad colapsa, el capital natural que atrae inversión y visitantes se erosiona con ella. El regreso de la rana dorada al bosque no es solo una victoria científica; es también una señal de que las instituciones funcionan y que el patrimonio natural del país vale la pena defender.

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