La mora bancaria en Argentina alcanzó niveles récord en más de 20 años y afecta a casi 6 millones de personas con problemas de endeudamiento. El dato es contundente. La respuesta del Gobierno, también.
El Ministerio de Economía y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) monitorean la situación junto al sector financiero, pero descartan cualquier intervención directa. La postura oficial es clara: asistir a deudores y bancos con fondos públicos implicaría «pasarle la cuenta a todos los demás», en palabras del presidente Milei.
Sin plan platita, sin tasas máximas
Desde el BCRA descartaron fijar tasas de interés máximas, mecanismo habitual en gobiernos anteriores. La apuesta es que la recuperación del crédito reduzca el índice de irregularidad del financiamiento en pesos. Según estimaciones de Economía, los bancos están ofreciendo tasas de entre 20% y 25% anual a tres años de plazo para los morosos.
El ministro Caputo fue directo en la conferencia de prensa en que anunció la flexibilización de créditos en dólares para empresas no generadoras de divisas: «No hay que confundir la empatía con las políticas públicas. Si usamos tu plata para compensar a un banco, es plata que no podemos usar para aumentarle el sueldo a las Fuerzas Armadas o a los universitarios».
El vocero presidencial Ravier lo resumió sin rodeos: «Acá no hay plan platita para ir a ponerle dinero a los que tienen mora».
Un punto de inflexión, pero lento
El presidente del BCRA, Bausili, señaló que la morosidad se encuentra en un «punto de inflexión». La consultora 1816, con base en datos oficiales del BCRA, detectó en junio la primera baja en 19 meses del índice de irregularidad del crédito a las familias: de 12,8% a 12,7%. Una décima. El propio Bausili advirtió que «es raro que los índices de morosidad sufran saltos discretos o cambios muy acentuados en el corto plazo. Llevan tiempo y se mueven más como ondas».
El sistema de calificación crediticia —escala del 1 al 5— agrega un rezago adicional: una persona con crédito refinanciado demora nueve meses en pasar de la categoría 5 (deuda incobrable) a la categoría 1 (deuda al día). Eso explica, según el Gobierno, por qué la mejora práctica tarda en reflejarse en las cifras oficiales.
Milei atribuyó el origen de la crisis a «la volatilidad de tasas de interés que ocurrió en la previa electoral del año pasado» y la calificó como «uno de los efectos colaterales de los ataques del kirchnerismo» antes de las elecciones legislativas de 2025.
La lectura de Ágora Capital
La posición del Gobierno es, en esencia, la correcta desde el ángulo del libre mercado: el dinero de los contribuyentes no debe socorrer decisiones privadas de endeudamiento ni cubrir el riesgo de entidades que otorgaron créditos en un entorno volátil. Caputo lo nombró con precisión: riesgo moral. Cada peso de rescate es un peso que no va a gasto productivo o a reducir la carga fiscal.
El verdadero test llegará en los próximos trimestres. Si la refinanciación privada absorbe el problema sin contagio sistémico, el modelo habrá demostrado que el mercado puede ordenar sus propios desequilibrios. Si la mora escala sin señales claras de reversión, la presión política para un «plan platita» volverá con más fuerza. Por ahora, el mercado espera; el Gobierno, también.



