El Gobierno de Javier Milei enfrenta el arranque del ciclo electoral 2027 con una premisa inamovible: no habrá plan platita ni aumento de subsidios. Así lo confirman las terminales más importantes de Balcarce 50, que aseguran que el Presidente no resignará los ejes troncales de su programa económico.
El diagnóstico interno, sin embargo, es más matizado. «De 2024 hasta hoy tenemos una economía que crece despacio. Podemos pensar en 2% al año, mucho más despacio de lo que nos gustaría», resumió el titular del Banco Central, Santiago Bausili. Una alta fuente del Gobierno consultada por La Nación lo ratificó: «La ocupación más importante del Gobierno es que la actividad económica crezca; el tema es la velocidad».
La estrategia para acelerar ese crecimiento pasa por adelantar inversiones privadas. Una señal concreta fue el anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, para permitir a los bancos prestar parte de los depósitos en dólares a todas las empresas, con el objetivo declarado de «reactivar la economía».
Caputo es también el más activo en la construcción de alianzas electorales. Según quienes lo escuchan, considera que el «riesgo kuka» es el principal factor de incertidumbre y promueve acuerdos amplios para disipar la posibilidad de un retorno kirchnerista. «Creo que el kirchnerismo no vuelve a gobernar nunca más», insistió esta semana ante los mercados.
En el universo de La Libertad Avanza, el sector identificado como karinismo —donde participa Diego Santilli, quien lleva buena parte de las conversaciones— es más escéptico sobre los tiempos. Prefieren cerrar pactos más cerca de octubre, con gobernadores, Pro y radicales alineados, pero solo en un esquema que permita a LLA competir por territorios propios y salir fortalecida en la distribución de bancas legislativas.
Patricia Bullrich, descrita en la fuente como alguien que «también fue parte de aquel gobierno», es otra de las principales propulsoras de un acuerdo amplio entre los anti-K. Sus críticos dentro del espacio le señalan que hay que definir con precisión quiénes entran y quiénes no.
Desde Pro, fuentes al tanto indican que Mauricio Macri está dispuesto a «agotar todas las instancias» para «blindar el cambio» y evitar el péndulo de 2019. La advertencia amarilla es directa: «El peronismo está vivo, sabemos la flexibilidad que tiene para juntarse y medir mínimo 30 puntos. Eso puede ser letal en la previa de una elección porque los mercados empiezan a moverse».
El cuadro se complica con datos concretos: 30.633 empresas dejaron de funcionar desde que asumió Milei hasta mayo, y la mora total de los argentinos se quintuplicó en 18 meses, superando el 30% fuera del sistema bancario. En el oficialismo reconocen que estos números pueden erosionar votos de clase media si la oposición los convierte en bandera.
El mercado ya votó sobre el programa: la apuesta es que la inversión privada, desbloqueada por reglas más claras y crédito en dólares, haga el trabajo que el gasto público no hará. El principio en juego es simple —libre empresa versus subsidio— y el Gobierno ha elegido su lado. La pregunta que responderán las urnas en 2027 es si el crecimiento llegará a tiempo y con suficiente amplitud para que esa elección sea rentable políticamente.



