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Mercado informal de celulares y chips alimenta redes de extorsión en Perú: especialista advierte riesgos para compradores

La venta callejera de equipos usados y líneas sin registro facilita el anonimato de extorsionadores. Un experto en seguridad digital detalla los pasos para no caer en la trampa y señala la inacción del Estado.
Foto: infobae.com
jueves 20 de agosto de 2026

Comprar un teléfono de segunda mano en Perú puede terminar en estafa, en la adquisición de un equipo robado o, en el peor de los casos, en una situación de extorsión. Así lo advirtió un especialista en seguridad digital en una entrevista recogida por Infobae, quien identificó la informalidad como la puerta de entrada a delitos que van mucho más allá de la simple pérdida económica.

El chip sin nombre, primer eslabón del delito

El experto vinculó directamente la venta ambulante de chips y líneas telefónicas al crecimiento de las redes de extorsión. La lógica es simple: el extorsionador necesita un dispositivo y una línea que no figuren a su nombre para cobrar cupos, enviar amenazas y coordinar acciones sin ser detectado por las autoridades. El mercado informal le provee exactamente eso.

Para ilustrar la magnitud del problema, el especialista relató que junto con una asociación adquirió chips en la vía pública el mes pasado. La práctica, a pesar de estar prohibida y tipificada penalmente, continúa sin mayores controles. Su diagnóstico es directo: el marco legal ya existe; lo que falta es voluntad de fiscalizar y sancionar.

Qué hacer antes de cerrar una compra

Para quienes igualmente decidan comprar un equipo usado, el experto trazó una ruta de verificación básica:

- Priorizar plataformas con protección al comprador, donde la identidad del vendedor está registrada y la plataforma puede intervenir ante reclamos. - Solicitar el IMEI y verificar que el equipo no esté reportado como robado antes del encuentro presencial. - Confirmar que el teléfono encienda, esté desbloqueado y permita navegar sin restricciones por las ventanas de configuración del sistema operativo. - No entregar dinero antes de completar esas verificaciones. - Realizar el intercambio en lugares públicos, preferentemente cerca de una comisaría, y nunca revelar la dirección del domicilio.

Sobre Facebook Marketplace, el especialista fue explícito: no existe ningún tipo de control sobre la identidad del vendedor. «Puede ocurrir que el comprador deposite un adelanto, reciba un equipo averiado y no vuelva a saber del vendedor porque elimina rápidamente la cuenta», describió.

La presión psicológica como herramienta de fraude

Otro patrón recurrente es la urgencia artificial: frases como «si no pagas ahora, vendo a otro» llevan al comprador a omitir verificaciones básicas. El experto resumió su regla con claridad: si una oferta parece demasiado buena para ser cierta, probablemente no lo sea.

El especialista mencionó además un plan denominado «escudo», actualmente en desarrollo en áreas de inteligencia militar, orientado a frenar la extorsión a mediano plazo. Sin embargo, criticó que mientras se debaten soluciones estructurales, no se adoptan medidas inmediatas como el control efectivo sobre la venta de chips en la vía pública.

Lectura editorial

El cuadro que describe el especialista es el de un Estado que tiene la ley escrita pero no la aplica. La venta callejera de chips está tipificada penalmente; la fiscalización, en cambio, brilla por su ausencia. Mientras el aparato estatal debate planes de mediano plazo, el mercado informal opera con total impunidad y le entrega a la delincuencia organizada su herramienta más barata: el anonimato.

El costo lo paga el ciudadano dos veces: primero como comprador expuesto al fraude, luego como contribuyente que financia un sistema de seguridad que no cierra el eslabón más básico de la cadena delictiva. Capital busca reglas claras; la extorsión prospera exactamente donde esas reglas no se hacen cumplir.

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