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Madre subrogada se niega a abortar y enfrenta demanda de más de 100.000 dólares: el caso que divide a EE. UU.

McKenna West, enfermera de Alaska, rechazó interrumpir el embarazo pese a una cláusula contractual y dio a luz en Texas. Los padres biológicos la demandan por incumplimiento de contrato, daños y perjuicios.
Foto: elcolombiano.com
jueves 20 de agosto de 2026

McKenna West, enfermera de 28 años originaria de Alaska, se convirtió en el centro de un debate nacional en Estados Unidos tras negarse a abortar al bebé que gestaba por encargo.

West fue contratada por Nausheen Gilkar y Omar Ahmed, una pareja de California, para llevar adelante un embarazo mediante gestación subrogada. Según la fuente, la pareja habría acordado pagarle 60.000 dólares por el proceso. El contrato incluía una cláusula que contemplaba la interrupción del embarazo ante la detección de anomalías en el feto.

En la semana 20 de gestación, los médicos diagnosticaron al bebé síndrome de corazón izquierdo hipoplásico (HLHS), una malformación cardíaca congénita grave en la que el lado izquierdo del corazón no se desarrolla adecuadamente, lo que dificulta que el órgano pueda bombear sangre al resto del cuerpo. Gilkar y Ahmed solicitaron entonces la interrupción del embarazo.

West se negó. Viajó a Texas y dio a luz el 12 de agosto de 2026 en un hospital de Dallas. Ella llamó al bebé Gabriel; los padres biológicos insisten en llamarlo Rumi.

Las autoridades de Texas intervinieron para garantizar que el recién nacido recibiera el tratamiento médico necesario. Paralelamente, la pareja presentó una demanda por más de 100.000 dólares, alegando incumplimiento de contrato, daños y perjuicios, y una conducta que califican de «maliciosa e indignante». También argumentaron que West había tenido dos embarazos anteriores y conocía los riesgos asociados.

El caso se extiende sobre tres jurisdicciones: California, donde un proceso judicial ya reconoció a Gilkar y Ahmed como padres legales del bebé; Alaska, donde reside West y donde se han presentado documentos relacionados con la disputa; y Texas, donde ocurrió el nacimiento. El abogado de West, Lincoln Wilson, busca en Texas defender los derechos de la mujer sobre el niño.

Lo que está en juego va más allá del contrato.

El caso West expone una tensión de fondo que el mercado de la gestación subrogada no puede resolver por sí solo: ¿puede un contrato privado obligar a una persona a terminar una vida? La respuesta jurídica dependerá de los tribunales, pero la respuesta moral ya la dio West al subirse a un avión rumbo a Dallas.

Desde la perspectiva del libre mercado y del Estado de derecho, los contratos son la columna vertebral de la cooperación voluntaria. Pero ningún sistema jurídico serio ha permitido que un acuerdo privado disponga de una vida humana como si fuera una cláusula de devolución. El caso ilustra los límites éticos que el derecho contractual no puede cruzar, y coloca a los tribunales de tres estados ante una pregunta que la burocracia procesal no podrá eludir indefinidamente.

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