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La IA dispersa el software: 47 millones de desarrolladores salen de Silicon Valley hacia el mercado local

Los modelos de inteligencia artificial rompen el monopolio de las grandes plataformas SaaS y convierten la construcción de software en un oficio local. Capital y talento seguirán a los negocios, no a los hubs tecnológicos.
Foto: forbes.com
jueves 20 de agosto de 2026

Durante dos décadas, la capacidad de construir software residió casi exclusivamente en los grandes proveedores SaaS. Tenían las herramientas, la infraestructura y el talento. Ese monopolio se está quebrando.

Según Binny Gill, fundador y CEO de Kognitos —y ex CTO de Nutanix con cerca de 100 patentes en ciencias de la computación—, los modelos frontera de inteligencia artificial han democratizado la capacidad de construir software de clase mundial. Hoy, una barbería local tiene acceso a las mismas herramientas de desarrollo que las mayores compañías tecnológicas del planeta.

El cuello de botella ya no es el modelo

Investigadores del MIT encontraron que el 95% de los pilotos empresariales de IA generativa no mostraron impacto medible en el negocio. El problema no fue la tecnología: fue la falta de conocimiento para aplicarla a los procesos específicos de cada empresa.

Eso explica el dato más revelador del mercado laboral tecnológico: las ofertas de empleo para forward-deployed engineers —ingenieros que las empresas tecnológicas embeben dentro de organizaciones cliente para hacer funcionar la IA en producción— crecieron más del 1.100% interanual, según un análisis de datos de empleo realizado por Bloomberry.

Es un arreglo transitorio, señala Gill. Las compañías tecnológicas prestan sus propios ingenieros porque la demanda existe pero la estructura permanente para atenderla aún no.

Un oficio, no una industria concentrada

La analogía que usa Gill es precisa: cuando la red eléctrica maduró, las utilities se retiraron a generar y distribuir energía, y emergió un nuevo oficio independiente: el electricista. Alguien que no necesita ser físico para hacer útil y segura la electricidad, pero que sí debe saber cómo cablear cada edificio.

El nuevo practicante de software funciona igual. Entra a una clínica dental, una agencia de carga o un restaurante, entiende cómo opera el negocio, construye la solución en días y regresa cuando el sistema falla. Trabaja para todos, desde cualquier lugar con conexión a internet.

Hay un estimado de 47 millones de desarrolladores en el mundo, según la firma analista SlashData. Su trabajo no desaparece; se dispersa.

Soberanía y proximidad como ventaja competitiva

Hay una segunda fuerza empujando en la misma dirección. La promesa de seguridad de la nube se basó en la concentración: los grandes proveedores empleaban a los mejores ingenieros de seguridad. Ese supuesto se debilita cuando la capacidad de atacar se democratiza al mismo ritmo que la de construir. Más empresas y gobiernos querrán software crítico construido cerca de casa y bajo su control físico.

Soberanía y proximidad se convierten en características del producto, no en concesiones.

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Este es exactamente el tipo de disrupción que el libre mercado produce cuando se retiran las barreras artificiales de entrada. Durante 20 años, el costo de desarrollo concentró el poder en un puñado de plataformas; las empresas compraban software idéntico porque el software a medida era prohibitivo. La IA elimina esa restricción de costo y devuelve la diferenciación competitiva a quien mejor conoce su negocio.

Para los mercados emergentes de América Latina —donde el talento técnico existe pero los hubs globales siempre estuvieron lejos— la descentralización no es una amenaza: es una apertura. Capital busca reglas claras y talento local. El software como oficio distribuido puede ser uno de los vectores de productividad más relevantes de la próxima década.

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