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Ingeniero venezolano pierde empresa y granja por el chavismo, emigra a Miami y a los 78 años vende 240 pasteles al mes

Máximo Mendoza construyó una trayectoria en ingeniería civil en Caracas, lo perdió todo tras la llegada de Chávez al poder y rehízo su vida desde cero en Florida con una marca de pastelería artesanal.
Foto: lanacion.com.ar
martes 18 de agosto de 2026

Máximo Mendoza tenía 78 años, una empresa de ingeniería civil y una granja en Venezuela. Hoy elabora a mano pasteles de chocolate y guayaba en su cocina de Coral Gables y en un mes llegó a producir más de 240 unidades bajo la marca «Max & Crust».

La historia comienza décadas atrás. Mendoza estudió ingeniería de noche mientras trabajaba de día, y con su título fundó una empresa que participó en proyectos emblemáticos de Caracas, incluido el Parque Central. La estabilidad duró hasta que Venezuela eligió a Hugo Chávez como presidente. «Me lo quitaron todo. Tenía mi empresa y me la arrebataron. Los contratos con el estado desaparecieron», declaró Mendoza al Washington Post.

Al perder su negocio de ingeniería, cambió de rubro y administró una granja. El gobierno también se la quitó. Sin opciones, en 2018 viajó a Florida para la Primera Comunión de su nieta; ante el colapso económico de su país, su hija le pidió que no regresara. La pareja solicitó la residencia permanente a través de ella.

Cuando se les acabó el dinero, su esposa encontró trabajo en una boutique. Mendoza intentó sin éxito emplearse en hospitales y ferreterías. Fue entonces cuando su hija Ana le propuso comercializar una receta de pasteles que ella misma había creado hace más de 30 años. Mendoza admite que antes «se le quemaba hasta el agua», pero aprendió el oficio desde cero bajo la tutela de su hija.

En marzo de 2025 comenzó a vender en un pequeño mercado de Key Biscayne. Las ventas eran escasas al inicio. El punto de inflexión llegó con el rediseño de la marca: el negocio pasó a llamarse «Max & Crust». «La gente conecta con las historias, no solo con los productos, sino con las emociones», explicó María Julia Stolk, quien lideró ese rediseño. Desde entonces los pedidos llegan por Instagram y WhatsApp, en español e inglés. El horizonte incluye envíos a otros estados y el traslado a una cocina industrial.

Los números son modestos pero reales: más de 240 pasteles en un mes, producidos a mano en Coral Gables. Para Mendoza, cada uno representa «un pedacito de casa», horneado con la paciencia de quien aprendió a empezar de nuevo.

Desde Ágora Capital, el caso Mendoza ilustra con precisión quirúrgica lo que el aparato estatal chavista destruyó: una empresa privada, una granja y décadas de capital humano acumulado. El mismo capital que Venezuela expulsó, Florida lo recibió y el mercado lo recompensó. No hubo subsidio, no hubo burocracia de reinserción: hubo una receta familiar, un nombre honesto y clientes dispuestos a pagar por un producto real.

La libre empresa no exige edad ni idioma. Exige reglas claras y que el Estado no confisque lo que el individuo construye. Mendoza lo perdió todo donde las reglas desaparecieron; lo reconstruyó donde todavía existen.

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