La exposición de algunos agentes del mercado eléctrico colombiano a la bolsa de energía ya alcanza el 50%. Así lo confirmó Jaime Alejandro Zapata Uribe, gerente del Mercado de Energía Mayorista de XM. El promedio del sistema se ubica en 14%, pero entre las empresas que atienden directamente a usuarios finales trepa hasta entre 19% y 20%.
El dato no es menor. Una mayor exposición en bolsa significa que las empresas compran una proporción más alta de energía en el mercado spot. Ese mercado fluctúa. Y cuando los precios suben, el golpe llega sin amortiguador.
Zapata fue directo: «Eso es preocupante porque esa exposición en bolsa significa que las empresas tienen que comprar una mayor parte de la energía directamente en el mercado spot». Las proyecciones de XM indican que algunos agentes podrían elevar su exposición hasta 60% o 65% en un mes. La advertencia tiene nombre propio: El Niño.
El fenómeno climático reduce la generación hidráulica. Colombia depende de ella. Cuando el agua escasea, entran las centrales térmicas. Sus costos de generación son más altos. Esa diferencia de costo no desaparece: se traslada.
Zapata lo explicó con precisión: el costo unitario del servicio eléctrico incluye generación, transmisión, distribución y comercialización. Cuando uno de esos componentes sube, el efecto puede reflejarse en la tarifa final. El consumidor residencial e industrial queda expuesto.
El sector ya acumula señales de tensión. Según información referenciada en la misma fuente, la deuda en el mercado eléctrico llega a 4,06 billones de pesos. Ese pasivo convive ahora con la perspectiva de mayor uso térmico y precios spot más altos.
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Desde la perspectiva de Ágora Capital, el cuadro que describe XM no es una anomalía técnica. Es el resultado de un mercado eléctrico que opera con contratos insuficientes y una estructura de generación que no diversificó a tiempo. El riesgo climático siempre estuvo sobre la mesa; la cobertura contractual, no.
El capital privado necesita reglas claras y señales de precio confiables para invertir en capacidad de generación. Cuando el marco regulatorio desincentiva esa inversión, la exposición spot sube y el contribuyente —disfrazado de usuario— paga la diferencia. Colombia tiene el fenómeno climático encima. Lo que no tiene es margen para improvisar la respuesta.



