Siete estudiantes de cuarto año de la Escuela de Educación Técnica N° 5 «Dos de Abril» de Temperley lograron fabricar petróleo a partir de plásticos mediante un proceso de pirólisis térmica anóxica. El combustible obtenido fue suficiente para activar el motor de una moto.
El proyecto se llama «PP Argento» —Petróleo Pirolítico Argento— y fue guiado por Pablo Enjo, docente de Reconocimiento de los Materiales y Química, junto al profesor de electromecánica Antonio Cuella. La iniciativa nació de una pregunta de Simón Shurt, un alumno de séptimo año ya egresado, quien consultó a Enjo si era posible «hacer petróleo a partir de la basura plástica».
Del cuaderno al reactor
La pirólisis es el proceso químico que utiliza altas temperaturas para transformar y romper un material en partes más pequeñas. En este caso, el calor convierte plásticos en hidrocarburos líquidos. Los estudiantes de cuarto año de Electromecánica —con herramientas de taller, mecanizado de precisión y soldadura— llevaron el diseño conceptual a un prototipo real a escala de banco.
El primer ensayo no salió sin contratiempos. La temperatura trepó bruscamente a más de 520°C con un soplete industrial, se solidificaron ceras por craqueo incompleto y falló la junta de caucho comercial. Enjo detuvo la experiencia bajo protocolo y convirtió el incidente en una auditoría técnica. Los alumnos rediseñaron el equipo: fabricaron una tapa maciza de aluminio en el torno, instalaron un cierre de 12 pasadores roscados, aplicaron silicona de alta temperatura e intervinieron la válvula de alivio para calibrar la contrapresión.
«La seguridad no se negocia», afirmó Enjo. «Los chicos no son ejecutores pasivos».
Contexto y escala
El proyecto apunta a una problemática concreta del distrito: según Enjo, Lomas de Zamora genera 39 millones de toneladas de plásticos anuales. El reciclaje mecánico tradicional tiene límites estructurales —degradación por termofusión, sensibilidad a contaminantes, exclusión de plásticos flexibles— que la pirólisis térmica anóxica busca superar.
«PP Argento» se presentará en la próxima Feria Distrital de Educación, Arte, Ciencia y Tecnología. No es el primer logro del equipo: en 2025, el proyecto «Tu chatarra es oro puro» —que recuperó metales preciosos de residuos electrónicos y fabricó ladrillos ecológicos reutilizando el 99% del descarte— fue reconocido por el Senado.
La lectura de Ágora Capital
Este caso ilustra algo que los defensores del libre mercado y la educación técnica repiten con datos: cuando la escuela conecta conocimiento con problemas reales, el retorno es múltiple. No hay subsidio que reemplace la productividad que nace del aprendizaje aplicado. Un reactor construido con torno, soldadura y cálculo termodinámico vale más que cualquier programa de «innovación» diseñado desde un escritorio ministerial.
Lo que Enjo y sus alumnos demostraron en Temperley es que el capital humano se forma con exigencia, riesgo controlado y resultados medibles. El mercado —y la industria química y energética en particular— necesita exactamente ese perfil. La pregunta que queda abierta es si el sistema educativo argentino tiene la voluntad de replicarlo a escala, o si seguirá confinando la ciencia a ejercicios simulados en un cuaderno.



