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El sector privado moviliza miles de toneladas mientras De la Espriella pide a Trump suspender aranceles tras el terremoto

Con 294 muertos, 320 desaparecidos y 115.461 afectados, Colombia enfrenta una reconstrucción larga; empresas y aliados internacionales lideran la respuesta que el Estado no puede asumir solo.
Foto: elcomercio.pe
domingo 16 de agosto de 2026

Seis días después del sismo que sacudió Colombia el lunes 10 de agosto, la ayuda humanitaria comenzó a alcanzar este sábado las zonas más alejadas del epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó. El balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) registra 294 fallecidos, 3.935 heridos y 320 desaparecidos, además de 14.493 viviendas destruidas y 81.506 averiadas. La cifra total de afectados asciende a 115.461 personas, pertenecientes a 54.008 familias de 448 municipios de 15 departamentos.

La infraestructura crítica acusa el golpe: 66 edificios colapsados, 241 centros de salud afectados, 2.612 centros educativos y 3.621 centros comunitarios dañados, 298 vías y 59 acueductos comprometidos. En Cali, la ciudad más golpeada, han fallecido al menos 111 personas.

Al menos tres tractomulas —con capacidad de unas 35 toneladas cada una— y varios camiones con alimentos, agua, medicamentos, colchonetas y productos de higiene viajaron a Buenaventura, Pereira y municipios del Chocó. Un avión procedente de Chile llegó a Pereira con 320 kits de alimentación, 200 kits de aseo, 346 kits de higiene y 27.000 unidades de medicamentos. Equipos de Estados Unidos procedentes de Fairfax (Virginia) y Los Ángeles (California) trabajan en la evaluación de edificaciones dañadas, y 82 militares de las Fuerzas de Defensa de Israel permanecen desplegados en Cali apoyando búsqueda y rescate.

El presidente Abelardo de la Espriella habló por teléfono con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y con el presidente estadounidense Donald Trump para agradecer la asistencia. En la conversación con Trump pidió la suspensión temporal de los aranceles que afectan a productos colombianos, con el fin de aliviar a los empresarios ante el impacto económico del desastre.

El sector privado no esperó instrucciones del aparato estatal. Tiendas D1, a través de la Fundación Santo Domingo, comprometió 1.000 toneladas de alimentos y artículos de primera necesidad. Tiendas Ara anunció 39 toneladas; Grupo Éxito y Fundación Éxito destinaron ayuda alimentaria para 3.500 familias. Postobón entregará más de 86.000 litros de agua y bebidas; Cencosud aportó 100 toneladas en productos de hidratación; BBVA dispuso 3.500 kits de alimentos y aseo. Avianca movilizará más de 150 toneladas de ayuda humanitaria. Para la reconstrucción, Tecnoglass anunció una donación de $5.000 millones en ventanas, Ecopetrol invirtió $5.000 millones en kits humanitarios, y Grupo Argos destinó cerca de $1.000 millones para llevar agua potable a las zonas afectadas.

Mauricio Velásquez, CEO de Sucroal, propone revivir el modelo del Fondo para la Reconstrucción y el Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec, 1999): un ente autónomo donde el sector privado aporte capacidades técnicas en diagnóstico, planeación, ejecución y control para administrar eficientemente los recursos públicos.

Desde la oposición, el senador Iván Cepeda acusó al Gobierno de gestión «selectiva» de las ayudas internacionales y anunció vigilancia sobre su distribución. Según Cepeda, han recibido denuncias de personas a quienes supuestamente se condicionó la entrega de ayuda a haber votado por De la Espriella. La OIM, por su parte, advirtió sobre riesgo de trata de personas y ofertas fraudulentas dirigidas a damnificados.

La respuesta privada ilustra un principio que los mercados conocen bien: cuando las reglas son claras y el Estado deja espacio, el capital y la capacidad organizativa fluyen hacia donde hacen falta. El modelo Forec que propone Velásquez —gestión técnica privada sobre recursos públicos, con rendición de cuentas— es exactamente el antídoto contra la discrecionalidad política que ya genera sospechas. Colombia tiene ante sí la oportunidad de reconstruir con criterio de inversión, no de clientelismo.

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