Al momento de publicarse el análisis en El Financiero —20 de agosto de 2026—, el peso cotizaba por debajo de 17 unidades por dólar, con una apreciación acumulada en el año de casi 6%. La pregunta que plantea el texto es directa: ¿qué hay detrás de ese movimiento?
El dólar débil no lo explica todo
Un primer factor es la depreciación generalizada del dólar, atribuida a dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos y a cuestionamientos sobre la independencia de la Reserva Federal ante los ataques de la Casa Blanca. Esas preocupaciones se reflejan en los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años, que rondan 5.2%, el nivel más alto desde la crisis financiera global, según la fuente.
Sin embargo, ese factor no alcanza para explicar el diferencial. Las 10 monedas emergentes más utilizadas —excluyendo al peso— se apreciaron apenas 1% en el año. El peso ganó seis veces más. Hay algo específico de México en la ecuación.
TMEC: el 82% de las exportaciones entra sin arancel
El análisis identifica como factor diferenciador la percepción de los mercados de que México conserva acceso preferencial al mercado estadounidense. Al cierre del año pasado, el 82% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos fueron libres de aranceles, bajo los requisitos del TMEC. Las excepciones —acero, aluminio y automóviles, sujetos a la Sección 232— no alteran la lectura de fondo: los mercados apuestan a que la integración de México en las cadenas de valor de América del Norte continuará.
Consolidación fiscal en contracorriente
Otro elemento es el ajuste de las finanzas públicas. Mientras la mayoría de los países amplían sus déficits, México redujo el suyo en más de un punto porcentual el año pasado. El texto reconoce que la consolidación fue menos ambiciosa de lo planeado y que persisten preocupaciones fiscales de mediano plazo, pero el movimiento en la dirección correcta es valorado por los mercados.
Carry trade: el peso, ajustado por riesgo, entre los más atractivos
El tercer pilar es la tasa de interés. A pesar del ciclo de recortes del Banco de México, el diferencial con otras monedas sigue siendo suficiente para sostener operaciones de carry trade. Ajustado por volatilidad cambiaria, el peso figura entre las monedas más atractivas del mundo para esa estrategia, según el análisis.
El texto refuta explícitamente a quienes criticaron los recortes del Banco de México por considerar que reducir el diferencial con Estados Unidos provocaría una depreciación significativa: «El brote inflacionario y la depreciación que muchos vaticinaban no han llegado».
Qué sigue, según el análisis
De cara a los próximos meses, el texto plantea dos posibilidades: si la debilidad económica persiste y el peso mantiene su fortaleza, habría espacio para recortes adicionales de tasa —con beneficio para exportadores y turismo—. Y a los niveles actuales, el Banco de México debería considerar comprar dólares para aumentar reservas internacionales y blindar al país ante episodios futuros de aversión global al riesgo.
La lectura de Ágora Capital
El cuadro que emerge es el de una moneda que cotiza con prima porque el mercado premia reglas claras de comercio y disciplina fiscal relativa. El TMEC funciona como ancla de credibilidad: mientras el acceso preferencial se mantenga, el flujo de inversión y el carry seguirán sosteniendo al peso. El riesgo de mediano plazo —déficit fiscal estructural, debilidad del crecimiento— no ha desaparecido; simplemente aún no ha pasado la factura. Capital busca reglas claras, y por ahora México las ofrece en el margen.



