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El dólar BCV sube a 772,54 bolívares y el salario mínimo venezolano cae a 0,17 dólares al mes

El tipo de cambio oficial avanzó 0,19% en la última jornada de la semana mientras el euro rozó los 895 bolívares; el salario mínimo, congelado desde marzo de 2022, pierde valor en moneda dura sin pausa.
Foto: lapatilla.com
sábado 15 de agosto de 2026

El Banco Central de Venezuela (BCV) cerró la semana con el dólar oficial en 772,54 bolívares, un alza de 1,47 Bs respecto a la sesión anterior, equivalente a un avance de 0,19%. La cotización regirá hasta el lunes 17 de agosto.

El euro tuvo un movimiento más pronunciado: superó la barrera de los 890 bolívares y se ubicó en 894,49 Bs, con un incremento de 5,04 Bs (0,57%) frente a los 889,45 bolívares del jueves 13 de agosto. La divisa europea se acerca así al umbral psicológico de los 900 bolívares.

El BCV actualiza estas tasas diariamente tomando como referencia el promedio ponderado de las operaciones bancarias.

El dato que no admite eufemismos. Con el salario mínimo fijado en 130 bolívares y congelado desde marzo de 2022, el ingreso base de un trabajador venezolano equivale a 0,17 dólares mensuales al tipo de cambio oficial. No es un error tipográfico: diecisiete centavos de dólar al mes. Cada ajuste al alza del tipo de cambio reduce ese poder adquisitivo en moneda extranjera sin que el piso salarial se mueva un centavo.

La mecánica es conocida: el deslizamiento cambiario opera como un impuesto silencioso sobre quienes cobran en bolívares. El aparato estatal fija el salario, congela su actualización y deja que la depreciación haga el resto. El resultado es una transferencia de ingreso real desde los trabajadores formales hacia quienes tienen acceso a divisas o activos dolarizados.

Desde la perspectiva del libre mercado, el problema no es el tipo de cambio en sí —los precios relativos deben reflejar la realidad— sino la combinación de un salario mínimo administrativamente congelado con una economía que ya opera mayoritariamente en dólares. Esa brecha entre el precio oficial del trabajo y el precio real de los bienes es, en esencia, una política de empobrecimiento institucionalizado.

Capital busca reglas claras, y Venezuela no las ofrece. Mientras el BCV publique tasas de referencia que conviven con un mercado paralelo no declarado, y mientras el salario mínimo permanezca en 0,17 dólares, la señal para la inversión productiva seguirá siendo la misma: riesgo país sin piso visible.

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