Hay un cambio visible en las cafeterías chilenas. Quienes antes pedían un espresso doble hoy optan por un vaso con hielo y un líquido oscuro que exige paciencia: el cold brew.
El método consiste en macerar café molido en agua a temperatura ambiente o fría durante doce a veinticuatro horas. Al eliminar el calor, los aceites y ácidos amargos del grano no se disuelven de la misma manera. El resultado es una bebida más suave, naturalmente dulce y con un perfil de cafeína que, según la fuente, atrae tanto a deportistas como a oficinistas.
La oferta ya no es escasa. Tostadurías independientes y cadenas como Starbucks han incorporado el cold brew como base para experimentar: mezclas con tónica, jugos cítricos y bebidas vegetales conforman un menú completamente nuevo en el segmento.
De la barra a la barrica
La versatilidad del formato cruzó hacia el mercado cervecero. Cervecería Kunstmann acaba de presentar su Barrica Cold Brew, un proyecto desarrollado entre Valdivia y Puerto Varas. El proceso parte con una cerveza estilo Strong Ale que descansa doce meses en barricas de roble americano de tostado medio. En paralelo, la tostaduría de especialidad Folks preparó un blend de granos Arábica y Robusta. La innovación: en lugar de agua, los granos se maceraron directamente en cerveza durante dos días.
María Paz Calderón, maestra cervecera de Kunstmann, señala que el objetivo era que el café fuera «un protagonista claro, pero dialogando con la identidad que aporta la madera y la malta tras un año de guarda».
El hogar como nuevo frente
La demanda también empuja a la industria de electrodomésticos. La firma alemana KRUPS incorporó el cold brew como opción predeterminada en la versión «Experience» de su línea Coffee Crush, permitiendo prepararlo directamente en casa.
El movimiento es coherente con una tendencia más amplia: el consumidor chileno está dispuesto a pagar por procesos más elaborados y perfiles de sabor más complejos, incluso cuando eso implica esperar entre doce y veinticuatro horas por el resultado.
Lectura de Ágora Capital
Detrás de la tendencia hay una señal de mercado clara: cuando el consumidor evoluciona, la cadena de valor responde. Tostadurías de especialidad, cervecerías artesanales y fabricantes de electrodomésticos encontraron en el cold brew un vector de diferenciación y margen. No hace falta regulación ni subsidio; basta con que la demanda sea real y la oferta, libre de moverse.
El caso Kunstmann-Folks ilustra además el valor de la colaboración entre privados: dos empresas del sur de Chile generaron un producto de mayor complejidad y precio potencial sin intervención estatal. Eso es libre empresa funcionando en su forma más elemental.



