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El 70% de las pymes sigue en etapas tempranas de IA mientras el 9% ya la integró por completo

Una encuesta de SAS e IDC a 1,600 líderes de pequeñas y medianas empresas revela una brecha crítica de madurez: quienes adoptan IA con objetivos de negocio claros convierten más leads; quienes experimentan sin rumbo, pierden terreno.
Foto: forbes.com
martes 18 de agosto de 2026

Los números son contundentes. De 1,600 líderes de pymes encuestados por SAS e IDC, aproximadamente el 70% se encuentra «en etapas tempranas» de madurez en inteligencia artificial y el 37% sigue experimentando con IA de forma aislada. En el extremo opuesto, solo el 9% ha «integrado completamente» la tecnología en su marco operativo.

La distancia entre ambos grupos no es de presupuesto ni de tamaño: es de enfoque. La mayoría de las pymes arranca con una lógica tecnológica —¿qué puede hacer la IA?— cuando la pregunta correcta es de negocio: ¿cómo puede la IA generar ingresos?

El error más común: querer todo a la vez

Según Ryan Johnson, director de producto de CallRail —plataforma de captación de leads con IA que atiende a más de 225,000 empresas en el mundo—, el problema es multifacético. Las pymes tienden a lanzar múltiples programas piloto simultáneos sin métricas claras, en lugar de identificar un solo objetivo de negocio y medirlo con precisión.

A eso se suma la subestimación del potencial de la IA como motor de ingresos. La tecnología se percibe principalmente como herramienta de productividad, no como canal para captar clientes, generar demanda y convertir leads a escala.

Casos que ya muestran retorno

El giro conceptual tiene ejemplos concretos. En 2025, Domino's Pizza desplegó su asistente de IA actualizado para gestionar llamadas entrantes de pedidos, incorporando acentos regionales para hacer la interacción más natural. El resultado fue una mayor aceptación del cliente respecto a versiones anteriores del sistema.

En el segmento legal, un despacho de abogados —cliente de CallRail— reemplazó su servicio externo de atención telefónica con un agente de voz con IA para capturar leads en horario extendido y fuera de oficina. El sistema consolidó datos de atribución, leads y conversiones en un solo panel, mejoró las conversiones de llamadas entrantes y garantizó una experiencia bilingüe consistente para cada llamada.

La hoja de ruta: un flujo, una métrica, escalar después

Johnson propone una metodología en tres pasos. Primero, definir el objetivo de negocio antes de elegir la herramienta. Segundo, seleccionar un único flujo de trabajo de ingresos —captación de leads, agendamiento, enrutamiento— y descomponerlo en pasos medibles. Tercero, establecer métricas alineadas con resultados: citas agendadas, leads convertidos o tiempo de respuesta, no métricas de uso de IA.

A medida que cada paso se refina, las lecciones se trasladan a otros flujos generadores de ingresos. El tamaño reducido de las pymes, señala Johnson, es una ventaja estructural: menos capas de complejidad permiten iterar más rápido que las grandes corporaciones.

La lectura del mercado

La brecha de madurez que documenta esta encuesta es, en el fondo, una brecha de disciplina empresarial. Las pymes que permanecen en modo piloto no tienen un problema de acceso a tecnología —las herramientas están disponibles y son asequibles— sino un problema de alineación entre inversión y objetivo de negocio.

El libre mercado ya está premiando a quienes resuelven esa ecuación: menos fricción en la captación de clientes, mayor conversión por cada peso invertido en marketing y una ventaja competitiva que se compone con el tiempo. Capital busca reglas claras, y en este caso la regla es simple: primero el resultado, después la herramienta.

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