El secretario de Economía, Ebrard Casaubon, confirmó que México entregó formalmente un estudio a la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) en el que solicita un trato arancelario diferenciado para el sector automotriz.
El argumento central: los vehículos fabricados en Japón, Corea del Sur, Alemania o Marruecos enfrentan un arancel de 15% al ingresar al mercado estadounidense, mientras que los producidos en México cargan un 25%. Para Ebrard Casaubon, esa brecha carece de lógica comercial porque México adquiere más autopartes de origen estadounidense que cualquiera de esos competidores asiáticos o europeos.
«Ustedes le están cobrando a un vehículo que se hace en Japón, en Corea del Sur, en Alemania o en Marruecos, 15%, y a los que hacemos en México nos quieren cobrar 25%», citó el funcionario en el evento de lanzamiento de InnovaFest Querétaro.
El secretario también planteó ante la USTR la paradoja del acero: Estados Unidos exporta más metal a México de lo que México exporta hacia allá, pero aun así Washington aplica un arancel de 50% al acero mexicano. La postura de la delegación mexicana es que, mientras duren las conversaciones sobre la revisión del Tratado de Libre Comercio, no se impongan nuevas cargas arancelarias.
Ebrard Casaubon subrayó que, pese al entorno adverso, México mantiene una ventaja relativa: su arancel efectivo promedio frente a Estados Unidos es de 3.4%, cifra inferior a la que enfrentan los grandes exportadores globales. Eso, dijo, coloca al país en mejor posición que el resto del mundo, aunque la brecha con el 15% que pagan los competidores asiáticos sigue siendo el punto de fricción central.
El funcionario también mencionó avances en sectores específicos: la exportación de aguacate y ganado ya se resolvió al 100%, según sus palabras.
La frecuencia de las visitas a Washington —cada semana, según el propio secretario— revela la intensidad de una negociación que no da tregua. El Wall Street Journal recogió este lunes la propuesta mexicana, lo que Ebrard Casaubon confirmó como exacta.
Lectura editorial. El mercado automotriz mexicano es uno de los engranajes más integrados del continente: cadenas de valor que cruzan la frontera varias veces antes de que un vehículo llegue al consumidor. Gravar ese flujo con 25% cuando a un competidor asiático se le cobra 15% no es política comercial coherente; es un costo que termina pagando el productor, el trabajador y, en última instancia, el comprador estadounidense.
Lo que México pide no es un privilegio: es consistencia. Capital busca reglas claras, y una tarifa que penaliza más a quien más integrado está con la economía de Estados Unidos envía exactamente la señal contraria. La persistencia de Ebrard Casaubon en Washington es, por ahora, el único escudo disponible frente a una política arancelaria que premia la distancia y castiga la vecindad.



