La Reserva Federal de Nueva York publicó su informe trimestral sobre deuda de los hogares correspondiente al segundo trimestre de 2026. Los números son directos: los saldos de tarjetas de crédito crecieron US$21.000 millones en el periodo, un alza del 1,7%, y cerraron junio en US$1,26 billones.
Los límites agregados de crédito también se expandieron. Tras un incremento de US$85.000 millones en el primer trimestre, las entidades financieras mantuvieron el acceso abierto para los titulares de tarjetas. Más disponibilidad, más saldo utilizado: la ecuación es conocida.
El dato que concentra la atención es la morosidad. El porcentaje de saldos de tarjetas con 90 días o más de atraso llegó al 12,8%. Los investigadores de la Reserva Federal señalaron, no obstante, que el ritmo de nuevos casos de morosidad se ha mantenido «relativamente estable durante casi dos años», lo que matiza la lectura de deterioro acelerado.
La deuda no hipotecaria en su conjunto creció US$48.000 millones, una expansión del 0,9% frente al primer trimestre. Los préstamos para vehículos aportaron US$28.000 millones de ese incremento —subida del 1,7%— con nuevas originaciones por US$211.000 millones en el trimestre. La calidad de esos nuevos créditos, sin embargo, empeoró: la puntuación mediana de crédito bajó siete puntos.
La deuda estudiantil, pese a una leve reducción del 0,4% en los registros agregados, permanece en un nivel histórico de US$1,65 billones. La tasa de morosidad grave en préstamos educativos trepó al 10,6% del total de saldos vigentes.
En el segmento hipotecario, las nuevas originaciones se mantuvieron estables en US$505.000 millones. Los saldos hipotecarios totales cayeron US$74.000 millones hasta US$13,1 billones, aunque la Reserva Federal aclaró que la baja responde principalmente a una brecha temporal en el reporte por una transferencia entre administradores hipotecarios; sin ese efecto, los saldos habrían permanecido prácticamente sin cambios. Las líneas de crédito con garantía hipotecaria acumularon 17 trimestres consecutivos de subidas y totalizaron US$459.000 millones.
A nivel agregado, el 4,7% de la deuda total del país presenta algún grado de retraso. Unos 137.000 ciudadanos sumaron una anotación de bancarrota en sus reportes de crédito durante el trimestre.
La lectura de Ágora Capital. El informe retrata a un consumidor que sigue gastando, pero con creciente fragilidad en los eslabones más débiles de la cadena crediticia. Una morosidad grave del 12,8% en tarjetas no es una señal de alarma sistémica mientras los bancos mantengan colchones de capital, pero sí es el precio visible de años de política monetaria que alentó el endeudamiento como sustituto del ingreso real. El mercado de crédito al consumo funciona mejor cuando el crecimiento de los saldos refleja confianza en el ingreso futuro, no la necesidad de financiar el gasto corriente. Cuando la puntuación mediana de los nuevos préstamos de autos cae siete puntos en un solo trimestre, el mercado ya está ajustando el precio del riesgo. La pregunta relevante es si ese ajuste llegará antes o después de que la morosidad se traslade a las hojas de balance de los prestamistas.



