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De Grazia apuesta a EE.UU. como garante y exige un Banco Central «decente» para frenar la inflación en Venezuela

El exdiputado respalda la mesa tripartita entre el chavismo, la AN de 2015 y Washington, pero advierte que es apenas el primer paso de un camino largo. Sin instituciones independientes, el ajuste económico no llegará.
Foto: elnacional.com
sábado 22 de agosto de 2026

El exdiputado Américo De Grazia respalda la mesa de negociación instalada en Venezuela. La mesa tiene tres partes: el chavismo, la Asamblea Nacional de 2015 liderada por Dinorah Figuera y el gobierno de Estados Unidos. Para De Grazia, la presencia de Washington es lo que diferencia este proceso de los anteriores.

«Nosotros aspiramos a que Estados Unidos sea un garante», declaró en entrevista con El Nacional. Señaló que en las 19 rondas previas —con el Vaticano, en Barbados, México y Noruega— ese elemento no existió. Ahora, dijo, el oficialismo «tiene la pistola en la cabeza de los Estados Unidos».

De Grazia reconoció que el desenlace preferido era otro. Quería que Edmundo González Urrutia asumiera el poder tras el 28 de julio de 2024. Eso no ocurrió. Aun así, considera que la negociación actual abre una ventana real.

Junto a organizaciones como Foro Bolívar y Lazos Guayana, el político presentó siete puntos ante Figuera y su equipo. Los temas van desde la crisis humanitaria y el sistema de salud hasta la privatización o asociación de las empresas básicas de Guayana, la reparación ambiental y la descentralización política. De Grazia invitó a otros estados a organizarse y exigir lo mismo.

En materia económica, fue directo. Propuso designar una directiva del Banco Central de Venezuela que no sea removible y que no esté vinculada con los Rodríguez. «Si el Banco Central es decente, entonces la economía podrá frenar su caída libre», afirmó. También planteó un contralor general postulado por las academias, no por los partidos, como figura transaccional de confianza.

El político fijó una meta concreta para fin de año: proceso electoral agendado, Tribunal Supremo de Justicia renovado y nuevas autoridades en el Consejo Nacional Electoral. Mientras tanto, pidió a la ciudadanía jugar en dos tableros: presión y paciencia.

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Lo que De Grazia describe es, en el fondo, una demanda de instituciones con autonomía real. Un banco central independiente y un contralor sin lealtades partidarias son condiciones mínimas para que cualquier economía recupere credibilidad. Capital busca reglas claras, y Venezuela lleva años sin ellas.

El rol de Washington como garante externo es, precisamente, el sustituto de la institucionalidad que el Estado venezolano destruyó. Que la presión deba venir de afuera dice todo sobre el estado del Estado. El mercado ya votó: mientras esa arquitectura no se reconstruya, el riesgo país permanece en niveles que ahuyentan la inversión productiva y condenan a Guayana a seguir siendo, en palabras del propio De Grazia, una economía de extractivismo minero en medio de la barbarie.

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