José Luis Daza, viceministro de Economía, reemplazó a Luis Caputo —ausente por un cuadro de salud— en el Council of the Americas celebrado en el Hotel Alvear de Buenos Aires. La conferencia, que abrieron Mario Grinman y Susan Segal, presidenta del Council, cerró con un discurso del presidente Javier Milei.
El quiebre, en números. Daza exhibió un gráfico con el resultado fiscal primario y financiero desde 2010: de un déficit primario de 3,8% del PBI en 2016 y 2017, la Argentina pasó a un superávit de 1,8% en 2024 y 1,4% en 2025. Con esos datos, el viceministro afirmó que Argentina es hoy el único país del G20 con superávit fiscal.
Sin reestructuración de deuda. Para Daza, el rasgo distintivo del ajuste no fue su magnitud sino la decisión de ejecutarlo sin reestructurar la deuda. Esa elección, en su lectura, explica el respaldo posterior del FMI: dos tercios de un desembolso de US$20.000 millones el primer día del programa.
Validación transversal. «Estamos frente a una Argentina que cambió y hoy existe validación transversal, como lo veo yo, desde los sectores más de izquierda a los sectores más de derecha», dijo Daza. Las tres agencias calificadoras subieron la nota del país en el último año y, según el viceministro, coincidieron en que «esto no es un ajuste cíclico, es un cambio permanente».
Energía supera al agro. Daza señaló un giro en la matriz productiva: por primera vez, el sector energético exporta más que el agro. Advirtió que ese cambio «todavía no fue dimensionado por la sociedad» y lo comparó con el efecto multiplicador que generó el cobre en la economía chilena. Agregó que Argentina gradúa unos 6.000 ingenieros por año y necesitará 18.000, además de soldadores, electricistas y mecánicos.
Comportamiento financiero nuevo. Como señal de confianza institucional, Daza destacó que ante el shock político previo a las elecciones del año pasado los argentinos dolarizaron pero mantuvieron los dólares dentro del sistema financiero, sin forzar modificaciones en el esquema cambiario. Atribuyó ese resultado también al respaldo de Estados Unidos en octubre pasado.
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Los números que Daza presentó ante el Council of the Americas son el argumento más sólido que el gobierno de Milei ha puesto sobre la mesa frente a inversores y organismos multilaterales: superávit fiscal sostenido, calificaciones en alza y una matriz exportadora que ya no depende exclusivamente del campo. Capital busca reglas claras, y la señal de que el equilibrio fiscal dejó de ser patrimonio de un partido para convertirse en consenso social es exactamente el tipo de ancla que reduce el riesgo país de forma estructural.
El desafío que Daza planteó —18.000 ingenieros cuando hoy se gradúan 6.000— revela que el ciclo de inversión en energía y minería exigirá reformas en educación y mercado laboral que van mucho más allá del ajuste fiscal. Ahí es donde el libre mercado tiene más trabajo por delante: si el Estado no estorba la formación de capital humano con la misma eficacia con que redujo el gasto, el multiplicador chileno que citó el viceministro seguirá siendo una promesa.



