El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) lanzó una exigencia directa a la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec): publicar de forma urgente un cronograma formal de cortes de energía. El presidente del gremio, José Gregorio Rodríguez, lo planteó en entrevista para Unión Radio y fue explícito sobre el daño que genera la opacidad del aparato estatal.
«Requerimos y exigimos de Corpoelec que por lo menos informe y publique los cronogramas de cortes eléctricos. Si a un comerciante o a una industria le dicen que no va a tener luz de 2:00 pm a 6:00 pm, ese comerciante programa a su personal, reprograma sus ventas, su cadena de frío, su inventario. El problema es la incertidumbre de no saber cuándo se va ni cuándo regresa la luz», afirmó Rodríguez.
El reclamo no se limita al suministro. Consecomercio también cuestionó las tarifas de servicios públicos que el Estado cobra al sector privado incluso durante los periodos en que los negocios permanecen cerrados por falta de electricidad. Rodríguez pidió la suspensión o ajuste del cobro de aseo urbano en esos lapsos: «No es justo que si un negocio estuvo cerrado durante semanas o meses por falta de electricidad, la empresa de aseo urbano le cobre como si hubiese estado operando a plena capacidad».
En paralelo, el dirigente gremial reconoció los esfuerzos de negociación del Ejecutivo con multinacionales como Siemens y General Electric para rehabilitar el Sistema Eléctrico Nacional, así como las reformas legales orientadas a permitir la participación privada en generación y distribución de energía. Rodríguez valoró esos pasos, pero subrayó que la estabilidad eléctrica es «la garantía prioritaria para sostener cualquier recuperación económica en los estados del centro y occidente del país».
La crisis afecta también a Fedecámaras Sucre, que ha exigido atención ante fallas de agua y luz, y a Maracaibo, donde según reportes se registran apagones de hasta ocho horas.
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El cuadro que describe Consecomercio ilustra con precisión el costo real de la empresa estatal monopólica: no solo corta la luz, sino que lo hace sin aviso, transfiriendo el riesgo operativo íntegro al sector privado. Una empresa que no puede planificar su cadena de frío ni su turno de personal no invierte, no contrata y no crece. El capital busca reglas claras; la incertidumbre regulatoria y operativa es, en sí misma, un impuesto encubierto sobre la libre empresa.
Que el propio gremio comercial deba salir a exigir información básica —un cronograma— revela el nivel de desconexión entre el aparato estatal y la productividad real del país. La apertura a Siemens y General Electric es una señal de que el modelo de monopolio eléctrico estatal ha fracasado incluso en sus propios términos. La pregunta es si esa apertura llegará a tiempo para detener el deterioro.



