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Comestibles Ricos convirtió el riesgo de abastecimiento de papa en 12.000 millones de pesos de eficiencias

La empresa colombiana dueña de Super Ricas construyó bodegas en Boyacá, eliminó intermediarios y estabilizó su cadena de suministro. El resultado: libre empresa funcionando sin subsidios ni aparato estatal.
Foto: semana.com
domingo 16 de agosto de 2026

Miles de papas almacenadas en Tunja, Boyacá, son hoy el símbolo de una decisión de negocio que pocos habrían tomado en 2022. Comestibles Ricos, dueña de las marcas Super Ricas y Todo Rico, enfrentaba entonces un problema clásico de cadena de suministro: dependía del mercado diario para comprar papa, con precios impredecibles, intermediarios y una cadena vulnerable al clima.

La respuesta no fue un subsidio ni un programa gubernamental. Fue inversión privada con lógica de largo plazo.

La compañía construyó bodegas cerca de los cultivos en Boyacá y diseñó un esquema de compras anticipadas, contratos directos con agricultores y asistencia técnica. Dentro de esas instalaciones, las papas permanecen entre cuatro y cinco meses bajo condiciones controladas, según explicó Valeria Silva, jefe de Sostenibilidad de la empresa.

El contexto importa: Colombia produce cerca de 700.000 toneladas de papa al año y alrededor del 20% se pierde, lo que equivale a 270.000 millones de pesos en desperdicio, de acuerdo con cifras citadas por Silva. Comestibles Ricos identificó ahí un riesgo operativo y lo transformó en ventaja competitiva.

El resultado es concreto. Entre 2024 y 2025, la estrategia generó eficiencias cercanas a los 12.000 millones de pesos, según detalló la misma ejecutiva. «Esto demuestra que gestionar el riesgo climático y fortalecer la cadena de abastecimiento también crea valor económico», afirmó Silva.

Adriana Bermúdez, ingeniera agrícola del Centro de Investigación Agrícola de Comestibles Ricos, subrayó que la iniciativa parte de una premisa operativa: «El proyecto muestra que ese propósito solo se alcanza cuando agricultores, equipos técnicos y directivos construyen soluciones de forma conjunta».

La dimensión financiera del proyecto quedó sellada cuando el director financiero de la compañía recorrió personalmente los cultivos en Boyacá y conversó con los productores. Según Silva, esa visita consolidó la convicción interna: «Si los proveedores están bien, el negocio también. Más que en unas bodegas, se invirtió en previsibilidad y tranquilidad».

El mercado ya votó. Doce mil millones de pesos en eficiencias no son retórica corporativa; son flujo real generado por una decisión de integración vertical hacia atrás, sin intermediarios y con contratos de largo plazo que alinean incentivos entre productor y comprador.

Este caso ilustra un principio que la burocracia suele ignorar: la cadena de valor se fortalece cuando el capital privado asume el riesgo, invierte en infraestructura y construye relaciones contractuales estables. No hace falta regulación adicional ni transferencias públicas. Hace falta que las empresas tengan reglas claras, acceso a tierra y libertad para invertir. Comestibles Ricos lo hizo, y los números lo confirman.

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