Una semana después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el centro y suroeste de Colombia el 10 de agosto, el Gobierno del presidente De la Espriella cifró el costo de la reconstrucción en 30 billones de pesos, equivalentes a unos 9.500 millones de dólares. La cifra, reconoció el propio mandatario, sigue en consolidación.
El balance preliminar oficial registra 289 muertos, 4.187 heridos y 143 desaparecidos. El Instituto de Medicina Legal, por su parte, informó haber recibido 304 cuerpos, de los cuales identificó 300, incluidos 22 menores de edad. De Cali proceden 139 de los cuerpos identificados y de Pereira otros 107.
El epicentro fue San José del Palmar, en el Chocó. Las zonas del Valle del Cauca, Risaralda y Caldas concentran los mayores daños. En Cali, el barrio Chiminangos muestra el cuadro típico de la emergencia prolongada: familias en carpas, ollas comunitarias y viviendas inhabitables. Las lluvias del domingo agravaron las condiciones de los refugios improvisados e interrumpieron temporalmente las labores de remoción de escombros. En Pereira, el Hospital Universitario San Jorge registró inundaciones.
El frente educativo es uno de los más críticos. Más de 3.200 escuelas sufrieron daños y en Pereira 58.000 estudiantes permanecen desescolarizados tras la declaratoria de condiciones críticas en 165 colegios. La alternativa de clases en línea resulta inviable en gran parte del territorio rural por falta de conectividad y dispositivos.
En ese contexto, la cantante Shakira anunció en Quibdó que dedicará «todos sus esfuerzos personales» a reconstruir la Universidad Tecnológica del Chocó y que, junto al filántropo Howard Graham Buffett, impulsará la construcción de diez nuevos colegios en el departamento. Global Citizen aportará 500.000 dólares y Live Nation otros 500.000, para un total de un millón de dólares destinados a escuelas. Shakira convocó además a los gobiernos de Canadá, Japón y Reino Unido y al sector privado a sumarse.
En materia de ayuda internacional, Colombia ha recibido más de 220 toneladas de suministros de varios países. Equipos de rescate de Israel, Ecuador y Estados Unidos operan en las zonas afectadas. Washington envió cerca de diez toneladas de material para refugio, agua y saneamiento y comprometió 26,5 millones de dólares en asistencia.
De la Espriella declaró la emergencia económica y anunció subsidios de vivienda y alivios para los damnificados. Señaló que su Gobierno «solo comunicará datos debidamente consolidados» por respeto a las víctimas.
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La magnitud fiscal del desastre pone a prueba la capacidad del Estado colombiano en un momento en que las finanzas públicas ya cargaban presiones previas. Treinta billones de pesos no se movilizan sin costo para el contribuyente ni sin decisiones sobre prioridades de gasto. La respuesta del sector privado —desde la iniciativa de Shakira y Buffett hasta los cientos de vehículos particulares con ayuda humanitaria que recorren las carreteras— ilustra que la reconstrucción no puede depender exclusivamente del aparato estatal. Capital privado, reglas claras para la inversión y agilidad burocrática serán tan determinantes como los recursos públicos en la velocidad con que Colombia recupere lo perdido.



