El Dane publicó los datos de importaciones con corte a junio de 2026. En ese mes, las compras externas sumaron US$6.775,8 millones, un alza de 27% frente al mismo mes de 2025. En el acumulado enero-junio, las importaciones alcanzaron US$38.075 millones, con un crecimiento de 13,6% respecto al primer semestre del año anterior.
Las manufacturas dominan la estructura de lo que Colombia compra al mundo. Según el Dane, entre enero y junio las importaciones de ese grupo sumaron US$28.594,7 millones, equivalentes a aproximadamente 75% del total importado en el período. Dentro de ese bloque, Maquinaria y equipo de transporte creció 25,3% y aportó 10,8 puntos porcentuales a la variación del grupo.
En segundo lugar, las importaciones de Agropecuarios, alimentos y bebidas llegaron a US$5.452,8 millones, con un alza de 10% frente al mismo período de 2025. El renglón de Productos alimenticios y animales vivos subió 15,5% y contribuyó con 12,0 puntos porcentuales a esa variación. El tercer grupo, Combustibles y productos de industrias extractivas, registró US$3.981,1 millones, con un crecimiento más moderado de 7,2%.
El dato geopolítico más relevante del informe: China desplazó a Estados Unidos y se mantiene como el principal origen de las importaciones colombianas, con una participación de 28,5% del total semestral. Estados Unidos quedó en segundo lugar con 23%, seguido por Brasil (5,1%) y México (4,9%).
El saldo comercial sigue en rojo y se deteriora. El déficit en la balanza comercial del primer semestre de 2026 fue de US$8.198,7 millones, frente a US$7.261,1 millones en el mismo período de 2025, un ensanchamiento de 12,9%. Solo en junio el déficit alcanzó US$2.161 millones, casi el doble del registrado en enero, cuando era de US$1.304 millones.
La apreciación del tipo de cambio explica parte del fenómeno: el dólar barato abarata las importaciones y estimula el consumo, pero golpea la competitividad exportadora. Sectores como café y flores ya resienten ese impacto, según señala la fuente.
La lectura de Ágora Capital. El cuadro es claro: un peso fuerte traslada riqueza desde los productores hacia los consumidores de bienes importados, y en el corto plazo luce como bonanza. El problema es estructural. Un déficit comercial que crece 12,9% en un semestre, financiado en parte por flujos de capital volátiles, eleva la vulnerabilidad externa del país. Que China concentre 28,5% de las compras externas —superando a Estados Unidos— no es un dato menor en un entorno de tensiones arancelarias globales: diversificar proveedores cuesta, pero depender de un solo origen concentra el riesgo de cadena de suministro.
Capital busca reglas claras y balanzas sostenibles. Un déficit que se duplica mes a mes no es señal de dinamismo; es una advertencia de que la política cambiaria y la estructura productiva del país están desalineadas. Sin exportaciones competitivas que generen divisas genuinas, el equilibrio externo depende de condiciones que el gobierno de Petro no controla.



