El capital fluye hacia chips e infraestructura de IA, y los inversores han castigado con fuerza las valoraciones de empresas de software y servicios tecnológicos. La premisa implícita: la IA hará tan eficiente el desarrollo e implementación de software que estas industrias perderán relevancia de forma gradual.
Peter Bendor-Samuel, fundador y presidente ejecutivo de Everest Group, rechaza esa conclusión en un análisis publicado en Forbes. Su argumento central es que la IA no elimina el mercado, sino que lo divide en dos segmentos con lógicas distintas.
El stack tradicional no desaparece
Las grandes empresas no van a reemplazar décadas de inversión en sus plataformas tecnológicas existentes en el corto plazo. Según Bendor-Samuel, los riesgos son demasiado elevados y el esfuerzo requerido suele subestimarse. Antes de implementar IA como aplicación de reemplazo, las organizaciones deben documentar con precisión cada función que sus sistemas actuales realizan, un proceso que sigue siendo «una tarea enorme».
El resultado esperado, según el análisis, es que el stack tecnológico tradicional continúe evolucionando en lugar de desaparecer, generando valor y crecimiento moderado durante años, aunque sin atraer el mismo entusiasmo inversor que las tecnologías nativas de IA.
La «compresión de tareas» no colapsa el mercado
Bendor-Samuel introduce el concepto de «compresión de tareas»: el ingreso asociado a una tarea individual cae porque el trabajo se completa más rápido. Hace un año, reconoce, creía que esto reduciría significativamente el mercado global de desarrollo y servicios tecnológicos. Tras observar la evolución del mercado en los últimos doce meses, cambió de postura.
Otras fuerzas —mantenimiento, extensión, seguridad, gobernanza y modernización de sistemas empresariales— sostienen el gasto y parecen suficientemente sólidas para compensar buena parte de la mejora de productividad. El mercado tradicional de servicios, concluye, se mantiene relativamente estable e incluso podría registrar crecimiento moderado.
El nuevo mercado: IA agéntica nativa
En paralelo emerge un mercado distinto. Los entornos de IA agéntica nativa exigen ingeniería continua, implementación, monitoreo y refinamiento. Requieren colaboración estrecha entre equipos de negocio y especialistas técnicos. Lejos de reducir la dependencia de proveedores externos, la IA nativa probablemente la incrementará, según el análisis.
Bendor-Samuel advierte contra el error más frecuente que observa hoy: tratar ambos mercados como si operaran igual. El stack tradicional encaja con modelos de entrega basados en talento offshore, Centros de Capacidad Global y servicios gestionados establecidos. La IA agéntica nativa, en cambio, favorece mayor proximidad al negocio, más ingenieros trabajando junto a equipos funcionales y modelos de precios vinculados a resultados de negocio, no solo a horas de trabajo.
Lectura de Ágora Capital
El análisis de Bendor-Samuel apunta a una distorsión de mercado con consecuencias concretas para el capital. Cuando los inversores aplican una sola narrativa —«la IA destruye el software tradicional»— a dos mercados con fundamentos distintos, crean tanto sobrecastigo en el segmento estable como potencial sobrevaloración en el segmento emergente.
Para el inversor orientado a flujos y márgenes, la distinción importa: el mercado tradicional ofrece flujo predecible con crecimiento modesto; el nativo agéntico, mayor retorno potencial con mayor riesgo de ejecución. Capital busca reglas claras, y aquí la regla es no confundir productividad con eliminación.



