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Ara dona 39 toneladas y D1 aporta 1.000 toneladas de alimentos tras el terremoto de 7,4 en Colombia

El sector privado colombiano respondió con rapidez ante la emergencia del 10 de agosto. Ara movilizó cerca de $200 millones en productos básicos; D1, a través de la Fundación Santo Domingo, comprometió mil toneladas de comida.
Foto: elcolombiano.com
miércoles 12 de agosto de 2026

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto generó daños materiales y una emergencia humanitaria que mantiene a autoridades y organizaciones concentradas en atender las necesidades más urgentes.

En ese contexto, la respuesta del sector empresarial llegó antes que muchos mecanismos estatales. Tiendas Ara activó la entrega de 39 toneladas de alimentos y productos de primera necesidad, con un valor estimado en cerca de $200 millones. La donación incluye agua, arroz, aceite, pasta, granos, alimentos enlatados, harina, panela, avena y leche en polvo, además de artículos de higiene.

Juan Camilo Dueñas, director de Responsabilidad Corporativa de Ara, explicó que la compañía movilizó los recursos desde que conoció la magnitud de las afectaciones. «Desde el minuto uno, cuando se supo la afectación en el Pacífico colombiano, activamos la ejecución de 39 toneladas de alimentos y productos básicos», señaló Dueñas en entrevista con 6AM W.

La entrega será coordinada con el Gobierno Nacional y el Banco de Alimentos. Adicionalmente, Ara dispondrá bonos de sus tiendas para que los damnificados los rediman en productos de la canasta básica familiar, un mecanismo que busca atender necesidades específicas más allá de la ayuda inicial.

Por su parte, la cadena D1, vinculada al grupo Valorem, comprometió una donación de 1.000 toneladas de comida, canalizadas a través de la Fundación Santo Domingo. Valorem y sus compañías vinculadas indicaron que trabajan en coordinación con las autoridades, la oficina de la Primera Dama y organizaciones encargadas de distribuir las ayudas.

La diferencia de escala entre ambas donaciones —39 toneladas frente a 1.000— refleja el tamaño y la capacidad logística de cada operador, pero en ambos casos la velocidad de reacción superó los tiempos habituales del aparato burocrático.

Desde Ágora Capital, el episodio ilustra un principio que los mercados conocen bien: cuando las reglas son claras y la propiedad privada está protegida, las empresas tienen tanto los incentivos como los recursos para actuar. La libre empresa no esperó decreto ni partida presupuestal; movilizó cadenas de suministro, logística y capital en horas. Es el mismo músculo productivo que, en condiciones normales, genera empleo y abastece comunidades. La emergencia solo lo hizo visible.

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