El mercado automotor colombiano registró su mejor acumulado en 12 años durante los primeros siete meses del año, con 186.253 unidades nuevas vendidas, según reportes de la ANDI y Fenalco. El dato no es menor: detrás del volumen hay una transformación tecnológica que ya no puede ignorarse.
De ese total, 83.363 unidades correspondieron a vehículos eléctricos e híbridos. La proporción es contundente: alrededor de 45 de cada 100 autos nuevos matriculados en el país pertenecen a alguna de estas tecnologías. El mercado ya votó, aunque no de la manera que suelen presentar los entusiastas de la transición forzada.
La clave está en el «cómo», no solo en el «cuánto». El crecimiento no responde a un decreto ni a una prohibición de motores de combustión, sino a una oferta que se amplió para cubrir necesidades distintas. Juan Sebastián Rocha, director de estrategia, producto y precio de Autogermana, lo sintetizó con precisión: «La conversación ya no debería centrarse en cuál tecnología reemplazará a las demás, sino en cuál responde mejor a las necesidades de cada persona».
Bajo esa lógica, BMW opera en Colombia con su estrategia «Power of Choice», un portafolio que integra vehículos de combustión, híbridos enchufables y 100% eléctricos. «Lo importante no es convencer a todos de tomar el mismo camino, sino ofrecer la libertad para elegir el que mejor responda a sus necesidades», añadió Rocha.
El modelo es relevante porque ilustra que la electrificación avanza más rápido cuando el consumidor elige que cuando el Estado impone. Factores como el uso del vehículo, la infraestructura disponible, los costos de operación y las prioridades individuales siguen siendo determinantes en la decisión de compra, según el propio sector.
Desde Ágora Capital, la lectura es directa: cuando la libre empresa ofrece opciones reales, el consumidor responde. Los 83.363 registros de vehículos de energías alternativas no son el resultado de subsidios compulsivos ni de restricciones a la competencia, sino de un portafolio que respeta la diversidad de necesidades. El riesgo, en cambio, aparece cuando el aparato estatal decide acelerar la transición por decreto, distorsionando precios, cargando costos al contribuyente y eliminando la competencia que, precisamente, está produciendo estos resultados. Capital busca reglas claras, no mandatos tecnológicos.



