El precio del petróleo registró este martes su nivel más alto en lo que va de agosto. Los futuros del WTI avanzaron 2,6% hasta US$ 84,32 el barril, mientras el Brent escaló a US$ 90, según datos recogidos por La Tercera.
El catalizador es doble: la caída de los inventarios de crudo estadounidenses a su nivel más bajo en más de cuatro décadas y el deterioro de las expectativas de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que permita reabrir por completo el Estrecho de Ormuz.
La administración Trump extendió el lunes la suspensión de la ley que restringe a naves estadounidenses el transporte de mercancías entre puertos del país, aunque acotó la exención únicamente a los buques que trasladan determinados recursos energéticos. La medida apunta a aliviar la presión sobre el suministro interno, pero no despejó la incertidumbre geopolítica.
Desde Washington, Trump afirmó que Estados Unidos tiene el control del Estrecho de Ormuz en un «100%», de acuerdo con lo reportado por CNBC. Teherán, sin embargo, mantiene una postura divergente, y ahora ambas partes exigen el pago de reparaciones por los daños que cada una reclama, lo que añade un nuevo punto de fricción a la negociación.
«El mercado del petróleo sigue muy impulsado por los titulares, lo que deja los precios oscilando con fuerza. El último episodio de optimismo se está desvaneciendo rápidamente», escribieron los estrategas de ING en un informe publicado este martes. El banco añadió que «la retórica actual sugiere que cualquier eventual acuerdo todavía está lejos, lo que significa que los riesgos siguen sesgados al alza para los precios del petróleo».
El repunte se produce, además, pese a los esfuerzos de Washington por destrabar el flujo de combustibles, lo que ilustra la magnitud del factor geopolítico sobre la formación de precios.
El mercado ya votó. Cuando los inventarios tocan mínimos de cuatro décadas y el canal de suministro más crítico del mundo permanece en disputa, el precio no espera resoluciones diplomáticas: descuenta el riesgo en tiempo real. Para los consumidores finales —y para cualquier economía que importe energía— cada jornada sin acuerdo es un costo adicional que el aparato estatal no puede absorber con decretos.
La extensión selectiva de la exención marítima muestra que la administración Trump prioriza la seguridad energética doméstica, un movimiento de libre mercado con lógica pragmática. Pero la variable que manda hoy no está en Washington: está en el Estrecho de Ormuz, donde el flujo de capital y de crudo depende de una negociación que, según ING, aún no tiene fecha de cierre.



