Los menores de 35 años representan el 37,7% de las operaciones de crédito en Colombia, pero concentran apenas el 18,1% del saldo total de la deuda, según datos de DataCrédito Experian analizados por PayJoy. La brecha entre volumen de operaciones y valor adeudado revela una realidad concreta: los jóvenes acceden al crédito, pero en montos pequeños y como primera experiencia financiera.
Cerca del 70% de quienes obtienen por primera vez un producto crediticio en Colombia tienen entre 18 y 28 años. El canal de entrada no es la sucursal bancaria: los servicios de telecomunicaciones representan el 47,6% de los primeros accesos al crédito, mientras que la financiación comercial y los modelos de compra ahora y paga después concentran otro 22,8%.
Las cifras de Inmark refuerzan el peso digital de esta generación. El 84,2% de los jóvenes bancarizados utiliza billeteras digitales para enviar y recibir dinero; el 78,8% las emplea para retiros y el 47,8% para pagos digitales y recargas de celular. Sin embargo, el uso intensivo de herramientas transaccionales no se traduce automáticamente en acceso a créditos de mayor valor.
El obstáculo estructural es el mercado laboral. Solo el 47% de las personas entre 15 y 28 años se encuentra ocupado en Colombia, y la tasa de desocupación juvenil alcanza el 15,3%. A eso se suman 2,4 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, una población que queda fuera de los requisitos exigidos por las entidades financieras tradicionales.
«Muchos jóvenes generan ingresos, estudian, trabajan de manera independiente o están dando sus primeros pasos en el mercado laboral, pero no cuentan con un historial crediticio ni con los soportes que exige el sistema tradicional», afirmó Arteaga, directora de ventas de PayJoy. Según la directiva, «el reto está en ofrecerles una primera oportunidad para demostrar su capacidad y comportamiento de pago».
Actualmente, 3,3 millones de adultos cuentan con financiación de equipos a través de empresas de telecomunicaciones, mientras que 1,7 millones tienen obligaciones con fintechs. La financiación de un celular cumple así una doble función: herramienta de conectividad y primer escalón dentro del sistema de crédito.
La lectura de Ágora Capital es directa. Cuando la banca tradicional levanta muros de requisitos que ignoran la economía real de los jóvenes, el mercado encuentra otro camino: fintechs, telcos y modelos alternativos que construyen historial donde el sistema formal no llega. No es un fenómeno de inclusión por decreto; es libre empresa respondiendo a una demanda insatisfecha.
El dato que incomoda al modelo regulatorio convencional es que el 47,6% de los primeros créditos llega por telecomunicaciones, no por bancos. Capital busca reglas claras, y los jóvenes colombianos están votando con su comportamiento financiero: prefieren el operador de celular al cajero del banco. La pregunta para el regulador no es cómo proteger al consumidor de estas alternativas, sino cómo dejar de obstaculizarlas.



