En octubre de 1986, Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev se reunieron durante 30 horas en la casa Höfði de Reykjavík, Islandia. Sobre la mesa: la posibilidad de eliminar cada misil nuclear del planeta. El acuerdo no llegó. Ahora, el escritor y director Michael Russell Gunn lleva ese momento al cine con The Brink of War, protagonizada por Jeff Daniels como Reagan y Jared Harris como Gorbachev, con J.K. Simmons en el papel del secretario de Estado George Shultz.
La película, distribuida por Angel Studios, se basa en los registros desclasificados de la cumbre, que el propio Shultz entregó a Gunn. «Intenté que fuera lo más fiel posible», declaró el director. Varios diálogos son prácticamente verbatim respecto a las transcripciones originales.
El punto de quiebre histórico fue la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), apodada «Guerra de las Galaxias». Gorbachev exigió que Reagan abandonara el programa como condición para el desarme total. Reagan se negó. «El asunto del SDI arruinó esa esperanza. Ese fue el punto de fricción, y el ánimo viró hacia la decepción», recuerda Pete Souza, fotógrafo presidencial de Reagan que participó en el rodaje.
Aun así, la cumbre no fue un fracaso: sentó las bases del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (1987) y del Tratado de Reducción de Armas Ofensivas Estratégicas (1991). Cuando Gunn preguntó a Shultz qué había cambiado para poner fin a la Guerra Fría, este le contó que Gorbachev respondió con una sola palabra: «Reikiavik».
Para dotar al filme de autenticidad visual, el rodaje principal se realizó en la propia casa Höfði, con Daniels y Harris sentados «en las sillas reales donde se sentaron Reagan y Gorbachev», según Gunn. La directora de fotografía, la polaca Magdalena Górka, creció al otro lado del Telón de Acero y aportó una perspectiva que el director calificó de «profunda»: Gorbachev, pese a su política de Glásnost, mantuvo sistemas opresivos hasta la implosión de la URSS en 1991.
Souza, quien aceptó una invitación por correo electrónico para producir la fotografía fija del rodaje, describió a Reagan como alguien con «una disposición muy ecuánime» entre bambalinas. Esa serenidad ante la presión máxima es, precisamente, el núcleo dramático que Gunn quiso capturar.
Desde Ágora Capital, el valor de esta producción va más allá del entretenimiento. La cumbre de Reykjavík fue, en esencia, un choque entre dos modelos de organización humana: el capitalismo de libre empresa y el aparato soviético de planificación central. Reagan no cedió en el SDI porque entendía que la seguridad de Occidente no podía depender de la buena fe de un Estado que negaba la propiedad privada y las libertades individuales. Cuatro décadas después, ese principio sigue vigente: la disuasión y la fortaleza institucional son los únicos lenguajes que los regímenes autoritarios comprenden. The Brink of War lo recuerda con imágenes.



