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Fondos de agribusiness en Chile superan US$612 millones bajo gestión y atraen pensiones de Canadá y EE.UU.

Sembrador y Toesca concentran miles de hectáreas de cultivos mediterráneos y reciben capital institucional extranjero que busca cobertura inflacionaria y flujos durante todo el año.
Foto: latercera.com
lunes 17 de agosto de 2026

Los números hablan solos. Sembrador Capital maneja más de US$500 millones en distintas estrategias, con 12.000 hectáreas operativas y entre 2.000 y 4.000 más proyectadas. Toesca, por su parte, acumula US$112 millones en sus fondos Permanent Crops I y II. En conjunto, los dos grandes actores del agribusiness chileno suman US$612 millones bajo gestión.

El capital que llega no es especulativo. Según José Miguel Fernández, managing partner de Sembrador, «hay fondos de pensiones canadienses trabajando, hay fondos de pensiones norteamericanos, hay fondos de inversión de otros países que están invirtiendo en Chile». Son inversionistas institucionales que buscan activos reales con capacidad de mitigar inflación y deflación, precisamente porque la agricultura está atada a la alimentación.

La clase de activo es relativamente nueva. Fernández sitúa su origen en el periodo posterior a la crisis subprime, cuando los institucionales notaron que las tierras cultivables mantenían su valor mientras otros activos se desplomaban. La pandemia profundizó ese interés: Matías Guajardo, co-portfolio manager de Farmland de Toesca, señala que la preocupación por seguridad alimentaria y los episodios de alta inflación —crisis de Rusia, Covid— demostraron que los portafolios con exposición a activos naturales tuvieron «un efecto mitigador muy fuerte».

Chile ofrece una ventaja estructural difícil de replicar. La complementariedad de hemisferios permite mantener flujos los doce meses del año. A eso se suma que ciertos cultivos mediterráneos —cerezas, nogales, avellanos, manzanos, peras— se dan en Chile y no en otros lados, y además cuestan mucho producirlos en otros países, según detalla la fuente. Grado de inversión, estabilidad jurídica relativa y geografía única forman el triángulo que explica la preferencia.

Toesca trabaja en un segundo cierre de Permanent Crops II hacia fines de este año y en un tercer cierre durante 2027, con el que el fondo llegaría a US$300 millones en total. Guajardo anticipa triplicar las actuales 1.200 hectáreas en O'Higgins y Ñuble. El horizonte de inversión supera los diez años y la curva de retorno es exigente: los primeros flujos aparecen entre el año 4 y el 5, y el punto de equilibrio llega entre el año 5 y el 7.

La tasa de crecimiento global de esta clase de activo es de dos dígitos medida en valor, cifra que según Fernández se replica en Chile.

Desde Ágora Capital, el mensaje es claro: cuando el Estado deja espacio, el capital privado —incluso el de largo plazo— encuentra el camino. Los fondos de pensiones extranjeros no invierten en Chile por simpatía ideológica; lo hacen porque el país ofrece reglas predecibles, propiedad privada respetada y retornos reales. Cada hectárea plantada es un voto de confianza en el marco institucional. Mantenerlo —y mejorarlo— es la única política agrícola que el mercado realmente premia.

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