El Fondo de Ahorro de Panamá (FAP) cerró el primer semestre de 2026 con una ganancia acumulada de $109.9 millones, según el Informe de Resultados Preliminares de la entidad. La rentabilidad bruta del portafolio alcanzó 3.68% en los primeros seis meses, frente al 2.91% de su índice de referencia: una diferencia favorable de 77 puntos básicos.
En los últimos 12 meses, el rendimiento bruto llegó a 8.35%. En los últimos tres años, la rentabilidad bruta anualizada se ubicó en 8.06%.
Los activos totales sumaron $3,292.5 millones al 30 de junio de 2026, unos $1,571.8 millones más que en junio de 2025. El patrimonio preliminar alcanzó $3,183.3 millones, frente a cerca de $1,596.5 millones un año antes.
El salto en el balance tiene una explicación concreta: el 88% del aumento se explica por la incorporación de Bonos de la República de Panamá al capital fideicomitido, recibidos mediante el canje de pagarés relacionados con aportes estatales del período 2020-2023. Esa operación disparó la concentración en deuda soberana panameña hasta 39.76% de la cartera, convirtiéndola en la principal clase de activo. Le siguen la renta fija global (18.53%), las acciones (16.28%) y los activos líquidos y fondos de corta duración (12.50%).
El propio FAP reconoce el riesgo. La estrategia 2026-2027 contempla reducir la participación de los bonos panameños desde el 40% actual hasta un rango de entre 3% y 5% del portafolio. El plan implica movilizar aproximadamente $1,190 millones desde deuda soberana local hacia acciones, bonos globales e inversiones alternativas.
El proceso ya arrancó. Entre el primer y el segundo trimestre de 2026, la exposición geográfica a Panamá bajó de 44% a 40%, mientras que la participación de Norteamérica subió de 47% a 52%. El Fondo atribuye ese movimiento al avance de la diversificación y a la redistribución hacia mercados internacionales.
El FAP fue creado como mecanismo de ahorro a largo plazo y de estabilización ante emergencias y desaceleraciones económicas. Su capacidad anticíclica, sin embargo, queda comprometida cuando el portafolio está atado en un 40% a la misma deuda del Estado al que debe rescatar en una crisis.
Desde la perspectiva de Ágora Capital, el desempeño operativo del Fondo es sólido: superar al índice de referencia en 77 puntos básicos con un patrimonio que duplicó su tamaño en un año es un resultado que pocos vehículos soberanos de la región pueden exhibir. El problema no está en la gestión, sino en la estructura heredada: un fondo de estabilización que acumula deuda del propio Estado que debe estabilizar no es un colchón, es un espejo. La hoja de ruta para redirigir $1,190 millones hacia activos internacionales va en la dirección correcta. Capital busca reglas claras, y un fondo soberano diversificado en mercados globales ofrece exactamente eso: independencia del ciclo fiscal local y capacidad real de intervención cuando el país la necesite.



