Lorne Balfe llegó a Los Ángeles con jet lag desde Hong Kong, pero con una agenda clara: dirigir una actuación orquestal en vivo de Top Gun: Maverick en el Hollywood Bowl. El compositor escocés, conocido por sus partituras en Mission: Impossible – Fallout (2018), Black Widow (2021) y series como His Dark Materials, habló con Forbes sobre el papel de la tecnología en su carrera.
De la dislexia al Fairlight
Balfe no llegó a la música por el camino convencional. «Tengo dislexia y la tecnología era la única manera de sacar la música de mi cabeza», explicó. A los 15 años ya programaba un sintetizador Fairlight. A los 16, impresionado por las bandas sonoras de Wall Street (Stewart Copeland, 1987) y Rain Man (Hans Zimmer, 1988), les escribió cartas a ambos compositores. Zimmer le respondió con 15 páginas de notas. Balfe acabó trabajando con él durante 18 años, una etapa que describe como «el mejor entrenamiento que alguien podría recibir».
Grabación remota: la pandemia normalizó lo inevitable
Balfe es un defensor convencido de la grabación remota. «Si hubiéramos hablado de esto hace diez años, habría parecido revolucionario. Ahora me pregunto por qué no lo hicimos siempre», afirmó. La pandemia de COVID-19 aceleró la adopción de esta práctica, que según él permite acceder a músicos «auténticos» en sus propios países de origen, en lugar de depender exclusivamente de los centros musicales tradicionales como Londres o Los Ángeles.
No obstante, reconoce un límite: la distancia reduce la capacidad de construir relaciones personales, algo que considera esencial para el proceso creativo. Por eso sigue viajando entre el Reino Unido y Los Ángeles.
La IA no ganará, pero tampoco hay que prohibirla
Sobre la inteligencia artificial, Balfe traza un paralelo histórico directo. Hace cincuenta años, el sindicato de músicos intentó prohibir el sintetizador argumentando que reemplazaba a los intérpretes. «Se puede argumentar que lo hizo. Pero también permitió que la gente creara», señaló. Para Balfe, la IA es simplemente «el próximo sintetizador».
Lo que la IA no puede replicar, dice, es la comprensión humana de la visión de un director. «Parte de mi trabajo es entender qué está pensando un director. Ellos quizás no pueden describir musicalmente lo que quieren, pero tienen ideas, y yo tengo que extraerlas. Y eso ocurre tomando un almuerzo, hablando de actualidad, conociendo a alguien». Ese proceso relacional, concluye, es la razón por la que la IA «no ganará».
El mercado ya votó sobre el talento humano
La trayectoria de Balfe ilustra algo que los mercados creativos confirman con regularidad: la tecnología amplifica el talento, no lo sustituye. Desde el sintetizador hasta la grabación remota y la IA, cada herramienta nueva ha generado el mismo pánico gremial y el mismo resultado: más producción, más diversidad de voces y mayor acceso para el oyente.
El verdadero riesgo no es la IA, sino la regulación prematura que, históricamente, solo protege a los incumbentes y cierra la puerta a quienes —como el propio Balfe a los 15 años con un Fairlight— encuentran en la tecnología el único camino para expresar lo que llevan dentro. El libre mercado de las ideas sonoras, cuando se le deja operar, produce exactamente eso: más música, mejor música y desde más rincones del mundo.



