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Depósitos en dólares suben US$1.000 millones en siete días, pero la medida de Caputo divide a los economistas

Sandleris y Lacunza, ambos de Pro, advierten sobre el precedente que sienta modificar el Decreto 905/02; Lopetegui defiende la lógica de movilizar reservas ociosas.
Foto: bloomberglinea.com
sábado 15 de agosto de 2026

Los números llegaron primero. En los primeros siete días hábiles tras el levantamiento de las restricciones, los depósitos en dólares en bancos locales crecieron US$1.000 millones, alcanzando los US$25.500 millones. El mercado respondió con velocidad a la señal del ministro de Economía, Luis Caputo, quien anunció el jueves la flexibilización de las normas para que los bancos puedan otorgar préstamos en dólares a empresas que no generan divisas.

La medida modifica el artículo 23 del Decreto 905/2002 —vigente desde hace más de dos décadas— y fija un límite: los nuevos préstamos no podrán superar, en conjunto, el equivalente al 15% de los depósitos en dólares de cada entidad. El Banco Central estableció condiciones adicionales para contener el riesgo cambiario.

Tres voces, dos posiciones

El debate no tardó en abrirse entre economistas y exfuncionarios. Gabriel Lopetegui, director ejecutivo de Argentina ante el FMI durante el gobierno de Macri, respaldó la lógica de la medida. «Un sistema que capta dólares para tenerlos encajados en el BCRA sin remuneración no tiene posibilidad de crecimiento», escribió en X, aunque reconoció que «se deben mantener estándares prudenciales adecuados».

En la vereda opuesta se ubicaron Guido Sandleris y Hernán Lacunza, ambos identificados con Pro. Sandleris, expresidente del BCRA entre septiembre de 2018 y diciembre de 2019, aclaró que ha apoyado muchas de las decisiones del equipo económico de Milei en estos dos años y medio, pero calificó la flexibilización de «mala idea». Su argumento central apunta al precedente: «El monto autorizado es acotado; el precedente que se establece, no».

Sandleris recordó que tras la crisis de 2001 se construyó una regulación que dividió al sistema bancario en dos segmentos —pesos y dólares— aislados entre sí, con el objetivo de evitar que una depreciación del peso volviera impagables los créditos en moneda extranjera. «Esa regulación prudencial permitió que la Argentina atravesara todas las crisis cambiarias desde 2001 sin sufrir una crisis bancaria. No fue casualidad: fue el resultado de haber aprendido una lección muy costosa», sostuvo.

Lacunza, exministro de Hacienda de Macri, fue más directo: «Ya hicimos eso a fines de los 90. Terminamos con la pesificación asimétrica. No cometamos los mismos errores». En diálogo con Futurock, advirtió que si se otorgan créditos en dólares a quienes recaudan en pesos y el tipo de cambio se mueve, el resultado puede ser un nuevo 2001, aunque reconoció que «en lo inmediato, no» se vería el impacto.

Lo que está en juego

El debate expone una tensión real entre dos bienes que el libre mercado valora por igual: la movilización eficiente del capital y la estabilidad de las reglas de juego. Que dólares captados por el sistema bancario permanezcan ociosos en encajes sin remuneración es, en efecto, una distorsión que frena el crédito productivo y el crecimiento.

Sin embargo, la solidez del sistema financiero argentino desde 2001 no fue un accidente regulatorio: fue el resultado de una norma prudencial que sobrevivió a múltiples tormentas cambiarias. Capital busca reglas claras, y la previsibilidad regulatoria es, en sí misma, un activo. El gobierno de Milei apuesta a que el límite del 15% contiene el riesgo; sus críticos dentro del propio espacio opositor advierten que los precedentes tienen vida propia.

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