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Caputo abre el crédito en dólares a empresas sin ingresos en divisas y economistas advierten riesgo sistémico

La medida habilita préstamos en moneda extranjera hasta el 15% de los depósitos bancarios a compañías sin ingresos calzados en dólares. Exfuncionarios del BCRA alertan que el precedente erosiona una regulación prudencial vigente desde 2001.
Foto: lanacion.com.ar
domingo 16 de agosto de 2026

El ministro de Economía, Caputo, anunció el jueves la flexibilización del crédito en dólares para empresas cuyos ingresos no están denominados en esa moneda. La medida modifica el artículo 23 del decreto 905/02 y permite a los bancos prestar en dólares hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a un universo mucho más amplio de compañías, no solo a exportadoras o firmas con garantías en divisas.

La condición operativa es que las empresas que tomen esos créditos liquiden los dólares en el mercado oficial de cambios (MULC) y los conviertan a pesos. Según el Gobierno, el sistema financiero tiene hoy una capacidad prestable ociosa de casi US$6.000 millones en moneda extranjera. El secretario de Finanzas, Furiase, defendió la iniciativa: «Los ahorros en esa moneda pasaron de la zona de los US$23.000 a los US$40.000 millones, y hoy los bancos solamente prestan el 60% de esos depósitos».

El objetivo declarado por Caputo es «reactivar» la economía. «La medida va a generar mayor crédito, va a bajar el nivel de tasas, va a generar mayor empleo y va a ayudar a reactivar la economía», afirmó. Sin embargo, los analistas consultados por La Nación consideran que el empuje sobre la actividad será acotado.

La forma del anuncio también generó ruido. Fue Caputo quien lo comunicó, y no el presidente del Banco Central, Bausili, en un momento en que el propio Gobierno impulsa una reforma de la Carta Orgánica del BCRA para reforzar su independencia. Carlos Pérez, economista jefe de Fundación Capital y exgerente general del BCRA, lo calificó de «desprolijidad»: «Lo debería comunicar el Banco Central», señaló.

Las críticas de fondo son más graves. Guido Sandleris, expresidente del BCRA, advirtió que la medida «erosiona uno de los pocos consensos relevantes que la Argentina había logrado construir en materia de política económica». Aclaró que ha apoyado muchas medidas del equipo de Milei, pero que esta «es una mala idea». Su argumento central: «El monto autorizado es acotado; el precedente que se establece, no».

Andrés Neumeyer, exsubgerente general de Investigaciones Económicas del BCRA y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, fue más directo: «Nos deslizamos por la pendiente resbaladiza de relajamiento macroprudencial. La relajación de las restricciones al descalce de moneda de entidades bancarias crea un riesgo sistémico. Cuando hay una depreciación real importante, los depositantes con dólares o son rescatados por el contribuyente o son pesificados». Neumeyer también señaló que «el populismo crediticio es una de las razones por las cuales es saludable un banco central independiente».

La restricción que ahora se relaja nació precisamente después de la crisis de 2001, cuando la salida de la convertibilidad dejó a miles de deudores con ingresos en pesos y deudas en dólares. Esa regulación permitió, según las fuentes consultadas, atravesar la corrida bancaria del final del gobierno de Macri, cuando se retiraron la mitad de los dólares depositados en las entidades.

El mercado ya votó con sus preguntas. La tensión entre el impulso a la actividad y la integridad del sistema financiero no es un debate académico: es el núcleo del riesgo país argentino. Las regulaciones macroprudenciales no son burocracia inútil; son el seguro que evita que el contribuyente pague la cuenta de decisiones tomadas en tiempos de euforia. Cuando ese seguro se recorta por presión de corto plazo, el costo diferido suele ser mayor que el beneficio inmediato. Capital busca reglas claras, y la claridad aquí apunta en dirección contraria.

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