El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años marcó esta semana un récord de 19 años antes de ceder levemente hasta 5,191%, mientras el bono a 10 años cotiza en 4,655%. Solo a fines de febrero ese instrumento había perforado la barrera del 4%, cuando cayó a 3,96%. La baja más reciente se explica por el anuncio del Tesoro de EE.UU. de que duplicará el tamaño de sus recompras de bonos a 10, 20 y 30 años.
La transmisión hacia Chile opera por dos canales, según Hugo Osorio, director de inversiones de Portfolio Capital: alza en las tasas locales —con mayor correlación en los bonos nominales a 10 y 20 años— y un dólar más fuerte producto del diferencial de tasas.
Marco Gallardo, subgerente de renta fija de Bice Inversiones, precisa que el nivel actual del bono a 10 años «mantiene elevado el costo base de financiamiento en dólares, por lo que tanto el Fisco como las empresas chilenas que emiten en mercados internacionales enfrentan condiciones más exigentes». El resultado práctico: los emisores serán más selectivos en el momento y plazo para acceder al mercado externo, lo que a su vez eleva el atractivo relativo del financiamiento local.
Sergio Lehmann, economista jefe de BCI, confirma que la correlación de largo plazo entre ambos mercados responde a razones de arbitraje: «el fenómeno en EE.UU. pone presión sobre las tasas más largas» y sube los costos del servicio de deuda, tanto del Fisco como de las compañías.
Andrés Pérez, economista jefe de Itaú Chile, agrega que las elevadas tasas largas en EE.UU. «reafirman la presión sobre sus finanzas públicas y mayores premios asociados a la incertidumbre de política económica», lo que dificulta una reducción de las tasas soberanas chilenas a plazos largos. Pérez señala, no obstante, que sorpresas positivas en los ingresos fiscales provenientes de mayores precios del cobre «podrían repercutir en menores necesidades de financiamiento, reduciendo la presión sobre las tasas largas en Chile».
El mercado hipotecario también sentiría el impacto, aunque José Ignacio Villarroel, socio de Abaqus, apunta que «la puesta en marcha de la reforma de pensiones con el aumento a la cotización, las modificaciones tributarias y las potenciales reformas al mercado de capitales podrían contrarrestar en parte la realidad internacional».
El principal amortiguador estructural es la reforma previsional. Según un cálculo de Renta4 de febrero de 2025, el alza de 4,5 puntos porcentuales al régimen de cotización individual sumaría US$315 millones mensuales a los US$700 millones que ya ingresan a las AFP por el 10% de cotización, ampliando la base de ahorro disponible para el mercado de renta fija local.
Desde Ágora Capital, el cuadro es claro: cuando el costo del dinero sube en Washington, el margen de maniobra del aparato estatal chileno se estrecha y el Fisco paga más por cada peso que toma prestado. La buena noticia es que el mercado de capitales local —profundo en pesos y en UF— y el flujo previsional adicional ofrecen un colchón real. Capital busca reglas claras y rendimientos predecibles; la incertidumbre fiscal en EE.UU. es, hoy, el mayor generador de ruido para ambos.



