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Bancos argentinos movilizan US$2.000 millones y rediseñan el crédito para escalar Vaca Muerta

Galicia, Comafi y Santander Argentina reorientan sus carteras hacia energía y minería, apostando por flujos futuros en lugar de balances históricos. El capital privado toma el relevo donde el Estado no llega.
Foto: lanacion.com.ar
jueves 20 de agosto de 2026

El financiamiento de Vaca Muerta dejó de ser un ejercicio teórico. Tres ejecutivos del sistema financiero argentino —Ignacio Badaloni, de Galicia; Jeremías Daniel Maratta, de Banco Comafi; y Roberto Castellino, de Santander Argentina— expusieron en el summit de Energía de LA NACION el cambio estructural que atraviesa la banca local para acompañar la escala del sector hidrocarburífero y minero.

Los números hablan primero. Badaloni reveló que la cartera mayorista de Galicia destina alrededor del 30% al financiamiento de energía y oil & gas, sector que representa casi el 60% de esa cartera total. No es una apuesta marginal: es el eje de negocio.

Castellino aportó el dato más concreto del momento: desde 2023, el mercado registró alrededor de 30 bonos internacionales vinculados al sector energético argentino. El hito más visible fue el financiamiento del proyecto Vaca Muerta Sur —integrado por varias operadoras— por US$2.000 millones, colocado en el mercado internacional con respuesta positiva. Además, Castellino señaló el regreso del project finance para grandes proyectos, una herramienta que, según sus palabras, «en la Argentina no tuvo presencia en los últimos 25 o 30 años».

El crédito se reinventa: flujos futuros, no historia pasada

El cambio de paradigma es técnico pero decisivo. La financiación tradicional basada en balances históricos no alcanza para cubrir la magnitud de los proyectos en curso. Los tres ejecutivos coincidieron en que la banca debe calificar a las empresas por sus flujos de fondos futuros, especialmente a los proveedores de la cadena de valor que ganan contratos de gran escala sin tener el músculo financiero para ejecutarlos de inmediato.

Badaloni describió el problema con precisión: un proveedor puede demorar años en adjudicarse un contrato y, el día que lo obtiene, enfrenta «un desafío enorme e inmediato de financiarlo». La respuesta bancaria es calificar crediticiamente esa cadena por el negocio futuro y por datos comportamentales, no solo por el historial.

Maratta sumó el leasing como instrumento clave: permite financiar bienes de capital —insumo intensivo en esta industria— sin comprometer la liquidez de la compañía, habilitando escalar operaciones sin descapitalizarse.

Los prepagos entre productores y traders son otra herramienta que Badaloni identificó como «novedosa» y todavía poco utilizada en Argentina, junto con los financiamientos puente y los acuerdos comerciales estructurados.

La arquitectura del capital

Castellino trazó la pirámide: bonos internacionales en la cúspide, project finance para megaproyectos, banca de inversión y mercado de capitales local como capas intermedias. «Un desarrollo de la industria con este volumen de financiamiento no se puede hacer de una sola forma», afirmó.

Maratta sintetizó la lógica sistémica: la operadora acelera la inversión, esa demanda se traslada al proveedor, y la asimetría entre cobranzas e inversiones abre el espacio donde los bancos «jugamos un rol muy importante».

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Lo que ocurre en Vaca Muerta es una demostración práctica de lo que el libre mercado produce cuando el Estado deja de obstruir: capital privado —local e internacional— fluye hacia donde hay productividad real, contratos creíbles y reglas que permiten proyectar flujos. La banca no está subsidiando nada; está arbitrando riesgo con lógica comercial. Eso es exactamente lo que una economía necesita para crecer sin depender del gasto público. El desafío ahora es que la estabilidad jurídica y macroeconómica se consolide lo suficiente para que el project finance —ausente tres décadas— no vuelva a desaparecer.

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