El dólar inició operaciones este 28 de julio en Colombia a $3.195, registrando una baja de $10 frente a la tasa representativa del mercado (TRM) establecida por la Superfinanciera en $3.205, según datos de apertura.
Durante los primeros minutos de negociación, la divisa mostró un comportamiento volátil. El precio máximo alcanzado fue de $3.195, el mínimo de $3.182 y el promedio se ubicó en $3.187. El volumen negociado hasta ese momento llegó a 54,35 millones, con un volumen promedio de 424,60 millones.
En el plano externo, el índice del dólar —que compara la moneda estadounidense frente a una cesta de otras seis divisas— también operó a la baja, con una variación de 0,02% para situarse en 101,360 unidades.
Tecnología global bajo presión
El contexto internacional añade ruido al mercado cambiario. Según la fuente, las acciones tecnológicas sufrieron caídas significativas tras conocerse que una empresa estatal china habría iniciado la producción de máquinas de litografía ultravioleta profunda (DUV, por sus siglas en inglés), tecnología clave para fabricar los microchips que impulsan la inteligencia artificial y los dispositivos electrónicos.
El medio especializado The Information reveló la noticia el lunes previo, desencadenando pérdidas en Wall Street. La surcoreana Samsung Electronics cayó más de 12%, la japonesa Kioxia perdió 18% y el gigante taiwanés TSMC retrocedió 3%, de acuerdo con la misma fuente.
Estos sistemas de litografía permiten grabar circuitos microscópicos en silicio, un eslabón crítico en la cadena de producción de semiconductores que hasta ahora estaba dominado por fabricantes occidentales y asiáticos aliados de Occidente.
Lectura de Ágora Capital
La caída del dólar frente al peso colombiano en la apertura ofrece un respiro momentáneo a importadores y consumidores, pero el cuadro de fondo es más complejo. La irrupción china en la fabricación de equipos de litografía DUV —si se confirma a escala— representa una reconfiguración del tablero tecnológico global con consecuencias directas sobre flujos de capital hacia economías emergentes como Colombia, que dependen de la estabilidad en los mercados de semiconductores para sostener sus cadenas de importación tecnológica.
Capital busca reglas claras, y la incertidumbre sobre quién controla la infraestructura del chip del futuro es, precisamente, el tipo de riesgo que encarece el financiamiento y comprime los márgenes de las economías que no producen tecnología propia. Para Colombia, la variable cambiaria seguirá siendo rehén de decisiones que se toman en Seúl, Tokio, Taipéi y Pekín.



