Doce años después de nacer como emprendimiento en Antioquia, Cariño Santo tendrá su debut en Colombiamoda el próximo 29 de julio. La feria, organizada por Inexmoda, reúne cada año a más de 12.000 compradores de más de 20 países y es la principal plataforma de negocios de la industria textil y de la moda en América Latina.
La marca presentará «Ascensión», una colección de 45 looks dividida en tres capítulos: La Caída, La Batalla y La Gloria. Cada etapa representa un momento del recorrido de la compañía y combina colores, texturas y detalles artesanales. La directora y fundadora, Luisa Fernanda Pardo, explicó que la propuesta resume los aprendizajes acumulados durante más de una década de trabajo.
El debut no llega en un momento cualquiera. Durante el último año, la empresa duplicó su presencia física al pasar de dos a cuatro tiendas —tres en Medellín y una en Bogotá— y hoy genera alrededor de 100 empleos directos y más de 400 indirectos. Tras participar en la feria, la compañía proyecta continuar su expansión en Colombia y fortalecer su presencia en mercados internacionales donde ya comercializa sus productos.
Las prendas fueron diseñadas para mujeres de distintos estilos y contextos, una apuesta que la empresa asegura haber mantenido desde sus primeros años. El componente artesanal es central en la propuesta, un diferenciador que la marca ha cultivado como parte de su identidad.
Los números hablan solos: una empresa que duplica puntos de venta, supera los 500 empleos entre directos e indirectos y llega a la vitrina más importante del sector en la región no necesitó subsidios ni aparato estatal para construir su trayectoria. Necesitó tiempo, riesgo propio y decisiones de mercado.
Eso es precisamente lo que Colombiamoda debería celebrar más: no el desfile en sí, sino la acumulación silenciosa de capital humano, productividad y reputación de marca que hace posible ese momento. En un entorno donde el debate económico colombiano gira con frecuencia alrededor del gasto público y la redistribución, Cariño Santo recuerda que la libre empresa —con sus caídas, sus batallas y sus glorias— sigue siendo el motor más eficiente para generar empleo real y valor duradero.



