Los números no mienten, y en este caso son incómodos para quienes predican que la experiencia siempre cotiza al alza.
Entre los ciudadanos estadounidenses de 50 a 65 años, el 14% fue despedido al menos una vez en los últimos diez años y el 4% lo fue en más de una ocasión, según un análisis de 2025 del Wall Street Journal sobre el Retirement Study del Boston College correspondiente al período 2012-2022. De quienes sufrieron al menos un despido, el 24% no logró encontrar un nuevo empleo. Ese grupo está representado casi en su totalidad por trabajadores de la Generación X, de entre 45 y 60 años.
La antigüedad no garantiza recolocación rápida. Los empleados de entre 55 y 64 años permanecen desempleados en promedio 26 semanas, frente a las 19 semanas que registran los trabajadores de entre 25 y 34 años. Y entre quienes sí consiguieron un nuevo puesto, el 11% tuvo que aceptar una reducción salarial.
Las razones son estructurales. Los Gen X se aproximan a la edad de retiro y son percibidos como perfiles más temporales frente a millennials y Gen Z, que conservan décadas de carrera por delante. A eso se suma una mayor competencia por un número limitado de posiciones senior, en un mercado donde más americanos eligen —o se ven obligados— a trabajar más allá de los 65 años.
La presión financiera es el telón de fondo. El 81% de los trabajadores Gen X afirma que su empleo actual no les genera seguridad económica, de acuerdo con datos de 2024 de Deputy analizados por Fortune. La cifra supera el 75% de Gen Z, el 73% de millennials y el 71% de baby boomers que reportan la misma sensación. «Muchos trabajadores Gen X enfrentan una presión financiera intensa: costos en alza, la responsabilidad de cuidar tanto a hijos como a familiares mayores, y la mayor deuda promedio de cualquier generación en Estados Unidos», declaró Silvija Martincevic, CEO de Deputy, a Fortune.
El ageismo agrava el cuadro. Casi la mitad de los trabajadores mayores de 40 años reporta ganar menos que sus colegas más jóvenes, según un estudio de 2024 de Resume Now, y cerca del 49% dice percibir menos que sus pares Gen Z y millennials por el mismo trabajo. El 22% de los empleados de 40 años en adelante señala que sus empresas los omiten para asignaciones desafiantes, y el 16% ha observado un patrón sistemático de ser ignorados en promociones a favor de perfiles más jóvenes.
Desde Ágora Capital, el diagnóstico apunta a una distorsión de incentivos que el mercado, por sí solo, no generó: regulaciones laborales rígidas, costos de contratación elevados y una cultura corporativa que penaliza la experiencia en lugar de recompensarla. Cuando contratar a un trabajador senior implica mayores costos de salud, beneficios acumulados y menor horizonte de retorno sobre la inversión en formación, las empresas racionalizan en contra del talento maduro. El resultado es un capital humano desperdiciado y una generación que construyó riqueza para otros, pero que ahora no encuentra quién le devuelva el favor. Capital busca reglas claras —y también las buscan los trabajadores.



