Miguel Gómez Martínez, ministro de Hacienda designado por el presidente electo Abelardo De la Espriella, fijó en una entrevista con Caracol Radio los ejes de la política económica que aplicará a partir del 7 de agosto, fecha en que asumirá funciones.
Salario mínimo atado a la productividad. Gómez Martínez fue directo: el salario mínimo debe crecer «en la medida en que crece la productividad». Con esa frase desmontó la lógica del ciclo saliente. El ministro designado criticó el incremento de 23% aprobado para 2026, calificándolo como «una medida más política que técnica» que supera ampliamente el comportamiento de la inflación. Para 2027, anunció que la discusión estará guiada por criterios técnicos y que el objetivo es «volver a una política salarial racional que proteja el poder adquisitivo de las personas de menores ingresos».
Deuda: reperfilar, no renegociar. Sobre las finanzas públicas, el funcionario trazó una línea clara entre dos conceptos que el mercado observa con lupa: «no vamos a renegociar la deuda», afirmó, precisando que el objetivo es «reperfilar la deuda». La prioridad inmediata, dijo, es conseguir los recursos para cerrar el año, lo que calificó como «una prioridad absoluta en materia de tesorería». Atribuyó la presión actual sobre las tasas de interés al ritmo de endeudamiento reciente: el Gobierno se ha endeudado de manera acelerada en los últimos meses, lo que ha obligado a emitir deuda en condiciones menos favorables. Aun así, descartó una crisis terminal: «el país no está quebrado», aunque advirtió que de continuar así enfrentaría «un problema muy serio».
Menos ministerios, menos gasto. El diagnóstico fiscal llegó con propuesta concreta: Colombia «no tiene cómo financiar 19 Ministerios». Gómez Martínez planteó regresar al menos al esquema anterior de 13 carteras, con la salvedad de que cualquier reducción requerirá reformas legales.
Tres señales en una sola entrevista: disciplina salarial, gestión ordenada de la deuda y achicamiento del aparato estatal. Para Ágora Capital, el contraste con la administración saliente no podría ser más nítido. El petrismo expandió ministerios, disparó el salario mínimo por encima de la inflación y aceleró el endeudamiento; el equipo de De la Espriella llega con el lenguaje opuesto: productividad, tesorería y estructura sostenible. El mercado ya cotiza ese cambio de señal —el dólar retrocedió y la BVC avanzó en la jornada más reciente— y ahora esperará que las palabras se traduzcan en reformas legales concretas. Capital busca reglas claras, y por primera vez en años Colombia parece dispuesta a ofrecerlas.



